La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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miércoles, 24 de febrero de 2016

Pacto PSOE-C's: Un pacto razonable y turno para Podemos















Después de leer el documento del acuerdo entre el PSOE y C’s me gustaría hacer unas cuantas consideraciones sobre el mismo y sobre lo que podría/debería pasar ahora.

Creo que es fundamental insistir una vez más en el escenario en que nos encontramos, porque escuchando a los políticos parece que exista otra realidad. El congreso salido del 20-D no ofrece ninguna mayoría alternativa y “fácil” al pacto PP-PSOE, pacto que siempre ha sido la última opción para esos partidos pero que ahora es especialmente difícil después de la avalancha de nuevos casos de corrupción en el PP. Las posibles alternativas numéricas pasan por pactos a múltiples bandas y contando con partidos independentistas que no quieren pactar nada, lo que hace indeseable cualquier acuerdo de esa naturaleza. En esta situación casi imposible tan solo hay una posibilidad que evite al PP y a los independentistas, que es algún tipo de consenso entre PSOE, C’s y Podemos, con apoyos o abstenciones de estos partidos ante un gobierno pactado.
La cuestión no es que este sea un gobierno bueno o deseable, sino que es el único gobierno posible sin PP ni los independentistas. Plantear si este es el gobierno que queremos o nos gustaría es una frivolidad en este momento, porque la cuestión no es qué se quiere hacer sino qué se puede hacer. Y lo que se puede hacer está muy limitado. El enfoque debe ser positivo, buscar qué podemos hacer con la situación parlamentaria que tenemos. La revolución, la hegemonía, la anglosajonización danesa de España o cualquier otra cosa hoy por hoy no es posible, y lo políticamente serio es aceptarlo.
En este contexto el candidato a presidente del gobierno, Pedro Sánchez, debe buscar en apoyo o abstención de estos dos grupos, no hacerlo es aceptar su fracaso de antemano. Y como estos grupos no quieren sentarse a negociar entre ellos tiene que establecer pactos independientes con ellos y luego intentar que el pacto con el otro no destruya el primero. No es fácil, pero está haciendo lo único que puede hacer.

El pacto del PSOE con C’s era el primer paso para intentar conseguir una investidura difícil, pero es que además este pacto no debía contener cosas que fuesen inasumibles para Podemos. Parecía algo difícil pero leyendo el documento del acuerdo tengo que decir que, subjetividades aparte, parece haberlo conseguido. El texto del acuerdo parece muy “Ciudadanos” pero ha sido pasado por un filtro donde las cosas más inasumibles del programa original y las “garicanadas” varias han sido eliminadas o suavizadas.
Para empezar, las 5 reformas constitucionales (facilitar ILP’s, despolitización de la justicia, eliminar diputaciones y aforamientos, y limitar los mandatos del presidente del gobierno) son asumibles por Podemos y por la izquierda en general, pero no es solo eso. Por ejemplo, el famoso y nada conveniente contrato único de C’s queda eliminado, manteniéndose los contratos indefinidos como hasta ahora y aplicando esa progresividad sólo en los contratos temporales, cuyo coste de despido aumenta el segundo año (16 días) y cuya conversión en indefinido es la misma que hasta ahora (2 años como regla general).
Tampoco se aplica cambio alguno en el IVA (excepto el cultural, que baja), no se baja el IRPF ni se aplican las bajadas de impuestos que proponía C’s. En cambio, sí hay voluntad de eliminar deducciones en el IS, crear algún tipo de impuesto sobre riqueza, crear mínimos para los impuestos de patrimonio y sucesiones para que las CCAA no puedan eliminarlos o establecer impuestos medioambientales.

Quizá el punto más polémico para la izquierda sea la aplicación de un Complemento Salarial (CSG) para los trabajos peor remunerados. Yo soy opuesto a esta media porque creo que generaría a medio plazo una presión a la baja de los salarios y de las horas de trabajo, aunque en este caso la medida queda complementada con un Ingreso Mínimo Vital que podría evitar en parte este efecto. El CSG no queda definido y, aunque en su redacción parece ser el mismo del programa de C’s, no se habla de cantidades ni de cuáles son los tramos. De todas formas se habla de un CSG que solo cubrirá en principio a las rentas más bajas y a hogares con cargas.
El acuerdo habla de subir el SMI (pero poco), de reestablecer la sanidad universal (aunque luego se ve que se sigue la doctrina C’s de no dar todos los servicios a los ilegales), de aumentar los permisos de maternidad y paternidad, de universalizar la educación de 0 a 3 años, de cambiar la cotización del régimen de autónomos (con cotización de 45€/mes para quienes no lleguen al SMI) y de una ampliación de la ley de segunda oportunidad.
Sobre la reforma laboral el escrito no es muy concreto aunque habla de corregir muchos de los excesos de la última reforma. Respecto a la formación de desempleados, el facilitar el crecimiento de las empresas, el “bonus-malus” o las políticas de I+D, el texto se parece mucho al programa original de C’s. En el terreno medioambiental se acuerda una moratoria sobre el fracking, cerrar las nucleares cuando cumplan 40 años de vida útil, políticas de economía circular y hacer una nueva ley de autoconsumo con vistas en el balance neto.

El acuerdo final elimina las cosas más inasumibles para la izquierda del programa de C’s (contrato único, bajada del IRPF, subida del IVA reducido, etc.) pero mantiene casi todo lo referente a regeneración democrática o derechos sociales “nórdicos” como las bajas de paternidad o la educación infantil. Si el acuerdo puede dejar insatisfecha a la izquierda lo hará por defecto, porque no sube el SMI, no crea una renta básica de inserción o no sube los tipos máximos de IRPF, pero no porque contenga cosas inasumibles. Creo que el PSOE ha sido muy cuidadoso en extirpar del pacto todo lo que supusiese una barrera real para los socios de la izquierda.
Ahora es el turno de Podemos, que ya ha actuado torpemente revolviéndose contra el pacto. Podemos tiene dos opciones: La primera es rechazar el acuerdo porque C’s es “de derechas”, algo que podrá convencer a su votante más fiel pero que decepcionaría a mucha gente, porque sea lo que sea C’s el acuerdo "de derechas" no es. Será más o menos progresista, pero es evidente que supone una mejora a la situación actual y a las políticas del PP. Si hace esto me temo que se le verá como responsable de hacer inviable un gobierno alternativo al PP.
La otra opción es ser abierto e intentar mejorar este acuerdo en una negociación con el PSOE. Es decir, adaptándose a lo pactado aportar cosas nuevas o intentar concretar al alza alguna de las cosas más ambiguas del programa (como la subida del SMI o el Ingreso mínimo vital). Eso le dejaría en bastante mejor posición y devolvería la presión a C’s, que sería quien tendría el problema de aceptar propuestas de Podemos o ser él quien boicoteé la investidura.

Tengo que reconocer que el PSOE se está moviendo de forma muy ágil en un terreno inhóspito para la democracia española. En España la necesidad de pacto para un gobierno nacional ha sido la excepción, pero el pacto a varias bandas y entre opuestos es algo absolutamente novedoso. El PSOE está demostrando talante negociador, capacidad de cesión y pacto. C’s en parte también, aunque le falta eliminar el cordón sanitario sobre Podemos para ser totalmente creíble. Ambos partidos están mostrándose más aptos para una estructura política pluripartidista que sus rivales.
Podemos, en cambio, tiene un problema. Es un partido creado para ser hegemónico en la izquierda y para sustituir al PSOE, no para entrar en el juego de pactos y cesiones propio de una democracia parlamentaria. Se ha encontrado a las primeras de cambio con un papel central que no es ni la fácil oposición total ni el gobierno en sus manos, y para ellos es muy difícil porque todavía no se han adaptado a la estructura parlamentaria a diferencia de partidos como IU o Compromís, que no solo lo están sino que la cultura del pacto está en su idiosincrasia.

Si Podemos fuese inteligente intentaría cambiar su abstención por dos o tres medidas concretas y dejaría gobernar a Sánchez. Tendría un papel central en el parlamento y aunque es muy difícil que pudiese hacer una moción de censura (porque tendría que pactar candidato con el PP) sí podría hacer el parlamento ingobernable y obligar a Sánchez a convocar elecciones. Podemos no parece entender que su guerra de posiciones no se acaba con la investidura sino que más allá de la misma también puede marcar los tiempos y la estrategia.
No me atrevo a pronosticar qué va a pasar pero quiero insistir en lo que es la idea central. No se trata de qué se quiere hacer sino de qué se puede hacer con este parlamento, y coger de C’s las buenas propuestas y extirpar las malas para conseguir su apoyo es de lo mejor que se puede hacer ahora mismo. Creo que el PSOE más o menos lo ha conseguido, pero todavía ha conseguido algo más importante: De ser un partido “viejo” y moribundo ha pasado a ser el actor central de un nuevo tiempo parlamentario que está sabiendo jugar perfectamente. Algo estará haciendo bien.

miércoles, 17 de febrero de 2016

La triple pinza PSOE-IU-Compromís















Me da un poco de pereza hablar sobre esta partida de póker interminable que están jugando los partidos políticos españoles cara a la investidura. Ya hablé del juego que se llevan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para ver quien consigue señalar al otro como el responsable de un frustrado pacto de izquierdas, podríamos hablar también de la única opción que le queda al PP para patear el tablero y no quedarse fuera de juego, que es una rebelión interna que finiquite a Rajoy y proponga otro candidato que satisfaga a C’s y pueda entenderse con el PSOE.
Podríamos hablar de muchos movimientos, de las encuestas que parecen haberse revertido y aupado a PSOE y C’s cuando parecía que el PP y Podemos serían los capitalizadores del descontento post-electoral, o de otras muchas cosas. Pero quiero centrarme en algo que es fundamental y que creo le puede dar a Pedro Sánchez su única oportunidad de ser presidente: La triple pinza.

Cuando leí la idea por primera vez reconozco que fui escéptico. Al primero que se la leí fue a Joaquim Coll en este artículo de El Periódico, donde comentaba que el PSOE podría buscar un acuerdo, además de con C’s, con CC, con el PNV y con dos fuerzas de izquierda: IU y Compromís. Todo ellos sumarían 143 diputados, mientras las suma de PP y los independentistas catalanes y vascos de ERC, DiL y Bildu sumarían 142. En esta situación todo dependería de Podemos ¿votaría Podemos en contra, boicoteando ese gobierno alternativo al PP? ¿O se abstendría, sabiéndose incapaz de justificar un boicot que acabaría con casi toda probabilidad con el PP de nuevo en el gobierno? Esa era la duda.
La idea me parecía descabellada porque un gobierno apoyado con 143 diputados de 5 grupos distintos es un gobierno extremadamente débil y una acción boicoteadora de PP y Podemos inutilizaría la legislatura. Sin embargo el periodista José García Domínguez también opinaba que en esas circunstancias Podemos no se atrevería a votar en contra y se abstendría. Y unos días después un gran conocedor del panorama español, Enric Juliana, también hablaba de esta posibilidad y de la intención del PSOE de sacarla adelante. Demasiadas opiniones en el mismo sentido para ser solo una especulación.

¿Es posible que esta sea la estrategia del PSOE? Pues no sé si es la única estrategia pero sí me parece que es una de las estrategias que están barajando sino la principal. Hay que entender que todos los partidos quieren evitar una nueva contienda electoral, cada uno por razones distintas, pero que todos tienen un ojo puesto en esa posibilidad. Nadie quiere perder su posición de salida ante unas nuevas elecciones y eso lo dificulta todo.
El PSOE tiene que convencer a la opinión pública de que si no hay un gobierno “de cambio” es por culpa de Podemos, así que el PSOE ha pensado que lo mejor para mostrar que es Podemos quien boicotea el pacto es conseguir aliados en la izquierda, y ajenos a Podemos sólo hay dos: IU y Compromís. Si lo hace, si el PSOE consigue que IU y Compromís le apoyen, Podemos quedará en evidencia y se mostrará que no es que el PSOE planteé un gobierno “neoliberal”, es sencillamente que Podemos prioriza su estrategia partidista al cambio político.

La clave aquí es que Compromís e IU tienen poderosas razones para aceptar este juego y dañar a Podemos. IU ha sido víctima de una evidente estrategia de estrangulamiento por parte de Podemos, que quiere acabar con la coalición para quedarse su espacio electoral. Podemos ha estado haciendo con ellos la estrategia del palo y la zanahoria, haciendo creer que quería pactar con IU cuando realmente lo único que quería era absorber a sus cuadros válidos (fundamentalmente a Garzón) y tirar a la basura todo lo demás. El pobre Garzón está entre dos aguas, entre un Iglesias que quiere acabar con su coalición y un núcleo duro de su coalición que quiere acabar con él.
A Compromís también se le ha hecho daño. En el pacto de la confluencia Compromís-Podem se pactó intentar conseguir grupo propio. No fue posible, pero en medio de las negociaciones apareció la posibilidad de que los miembros de Compromís-Podem formasen un grupo con IU. En Podemos se negaron, condenando a los dos diputados de IU a irse al grupo mixto y a los cuatro de Compromís a elegir entre quedarse bajo la disciplina de Podemos (cuando les acababan de negar un grupo semi-propio) o irse al grupo mixto, haciendo esto último en parte por orgullo.
Ambas formaciones han sufrido agravios recientemente y no es nada raro pensar que no van a tener reparo a la hora de dañar la imagen de Podemos. Además, si Podemos queda cara a la opinión pública como el responsable de que no haya un gobierno de izquierdas, IU puede ser el principal beneficiado y capitalizar la pérdida de votos de Podemos. Para IU hacer la pinza con el PSOE es una buena idea también estratégicamente, así que por ese lado no va a ser difícil convencer a la coalición.
¿Y a Compromís? Pues Compromís ha sido aliado de Podemos y, aunque haya sufrido un agravio, no le es tan interesante “traicionar” a su socio. Sin embargo Compromís persigue un objetivo prioritario que el PSOE le puede dar: La mejora de la financiación de la Comunidad Valenciana. La Comunidad Valenciana es la peor financiada por habitante de España y la mejora de su financiación es algo que se puede vender bastante bien al no ser la valenciana una comunidad rica sino en este momento más bien al revés. Si Sánchez promete la mejora de la financiación valenciana creo que tiene a Compromís ganado.

Presentarse a una investidura apoyado por Compromís e IU sería un éxito para el PSOE, que pondría a Podemos en una situación realmente complicada. Muy seguro tendría que estar Podemos de que su boicot acabaría en un pacto PP-PSOE y no en elecciones, porque en una nueva contienda electoral acabaría perjudicado electoralmente y posiblemente con su confluencia valenciana rota.
Ese posible gobierno PSOE-C’s con esos apoyos sería muy débil a priori, pero solo a priori ¿y si una vez pasada la batalla post-electoral y creado el cisma, hubiese un pacto legislativo con Podemos para sacar una serie de reformas adelante? ¿Y si ese gobierno se hiciese un experto en el arte de la negociación multibanda permanente? En este momento ningún escenario es imposible, ni siquiera que Rajoy se retire antes de la investidura de Sánchez para intentar boicotearla...

jueves, 11 de febrero de 2016

Las calles y la ley de memoria histórica















Está habiendo bastante polémica con la aplicación de la ley de la memoria histórica por parte de los nuevos ayuntamientos, focalizada en el caso de Madrid por ser el centro informativo del país. Cada noticia, desde la retirada por error de una placa dedicada a unos carmelitas fusilados (posteriormente reparado) hasta un informe que indica que calles con el nombre de Dalí o Pla son susceptibles de ser retiradas en aplicación de la ley, genera un revuelo mediático considerable que tiene parte de artificiosidad y que se sobredimensiona para atacar al equipo gestor del ayuntamiento en cuestión.
No obstante hay un debate evidente sobre los símbolos y nombres de calles a retirar, en el que hay tantas opiniones como personas que piensan por sí mismas (las que no lo hacen “compran” una opinión ajena). Sin caer en posturas extremas, voy a intentar dar la mía.

Para empezar tengo que decir que me parece evidente que las calles y figuras que ensalzan a las principales figuras del franquismo deben ser retiradas. Nuestra democracia está sostenida en unos valores determinados que son esencialmente equivalentes a los que había en la II república (libertades públicas, sufragio, sometimiento del poder militar al civil, respeto a la vida, etc.) y, por tanto, nuestro estado no puede tener una mirada neutral sobre el pasado. Más allá de los horrores de la guerra, de los criminales que había en los dos bandos y todas esas cosas, la realidad es que la democracia actual es heredera, en “valores”, de la II república y así debe considerarse.
Esto no es nada raro ni ajeno a lo que hacen otros países. La república francesa no tiene una visión neutral sobre la Francia de Vichy y la Francia de De Gaulle y la resistencia, obviamente rechaza la primera y ensalza la segunda. Ni Italia ni Alemania tienen visiones neutrales sobre el fascismo y el nazismo, ni la tienen los países que fueron repúblicas populares pro-soviéticas ni los EEUU sobre su guerra de secesión. Todos los países tienen una historia “oficial” que se orienta a defender los valores de las estructuras políticas actuales. España también la tiene, no nos confundamos, y se puede ver en la glorificación de la transición sin ir más lejos.
Por tanto la visión del estado y sus representaciones simbólicas no pueden ser neutrales ante ambos bandos (lo que no quiere decir que tenga que defender todas las actitudes del bando republicano). Lo correcto, lo adecuado y lo moral desde nuestros valores colectivos actuales era no alzarse contra la república y defenderla contra los golpistas. Y esto debe quedar claro, porque si no queda claro no hay manera de hacer un argumento sensato.

Una vez esto está claro ¿qué hacemos? ¿Eliminamos todas las calles? Yo creo que eso no tiene sentido y es un exceso. Para empezar creo que los problemas que tenemos ahora se deben a que la ley de memoria histórica fue “cobarde”, como suele pasar en España con muchas leyes. Si en ese momento se hubiese hecho un listado de dos docenas de nombres a retirar y hubiese dado un plazo de dos años, este problema estaría resuelto y la gente lo aceptaría como normal. Se dejó a la interpretación de los ayuntamientos y sin plazo, y por eso estamos así, viendo como nostálgicos, aquellos que sienten un absurda obligación familiar con la rebelión o sencillamente quienes quieren acabar con los partidos de izquierda a toda costa siguen diciendo las mismas cosas que hace 10 años y hablando de un “odio” y un “revanchismo” que prácticamente nadie menor de 50 años de este país siente y que sólo está en sus corazones.
Como no tenemos esa lista de nombres todo es polémico. ¿Se quita la placa de un alcalde franquista de 1970? ¿De un intelectual adicto al franquismo? ¿De políticos antidemócratas de los años 30 cuya imagen fue utilizada por el franquismo? ¿De militares que hicieron la guerra con los rebeldes, pero que eran cargos medios y simplemente obedecían a sus superiores? Hay respuestas distintas a estas preguntas y creo que hay justificaciones para ambas.

En mi opinión, hay que tener dos factores en cuenta: El grado de implicación del sujeto en cuestión con la rebelión militar y los principios contrarios a la democracia, por un lado, y la comodidad de los vecinos por otro. Porque cambiar calles es una incomodidad para todos y hacerlo por hacerlo no tiene sentido.
De forma absolutamente subjetiva, yo lo haría de la siguiente manera:

  • Las calles y estatuas en honor a Franco y los generales sublevados deben ser todas eliminadas. Ni estatuas de Franco ni calles a los generales Mola, Cabanellas, Goded, Queipo de Llano, Fanjul, etc. Alguien que se ha rebelado contra un orden democrático y genera una guerra por ello no debe tener una calle ni una mención pública con la excepción quizá de alguna discreta referencia en sus municipios de origen.
  • Todos aquellos responsables de la represión y de crímenes especialmente crueles tampoco deben tener ninguna calle o estatua.
  • Para los cargos del régimen franquista (alcaldes, ministros, generales, procuradores en cortes) que no participasen con responsabilidades en la guerra civil, se debe estudiar caso por caso pero sin que eso lleve necesariamente a su eliminación. En los casos en que el honor sea claramente desproporcionado y sea producto sencillamente de su adicción al franquismo, en principio la calle se debería retirar. En los demás casos, sobre todo en los casos de cargos menores, optaría por el mantenimiento del nombre de la calle.
  • Importante: A cualquiera de los ministros o políticos del franquismo que luego contribuyesen al restablecimiento de la democracia no debe aplicárseles la ley de memoria histórica. Es decir, por mucho que Fraga participase en gobiernos de la dictadura que firmasen sentencias de muerte su reconocimiento es por su papel en la transición y la democracia, “expiando” la etapa anterior. Fraga, López Rodó, Torcuato Fernández-Miranda, etc. No deben ver cuestionadas sus calles u honores.
  • Obviamente cualquier intelectual, profesional o personaje destacado que sea reconocido por la historia por méritos propios debe estar fuera del alcance de esta ley, da igual lo adicto al franquismo que fuese. Ni Dalí, ni Josep Pla, ni Manuel Machado, ni Menéndez Pidal ni ningún personaje similar debe sacarse del callejero por sus simpatías políticas.
  • Las referencias al “alzamiento”, la “cruzada”, a los “caídos por dios y por España”, etc. Deben eliminarse, aun cuando el conjunto arquitectónico se pueda mantener. Con un pequeño cambio en una placa que convierta el lenguaje en más “neutral” puede bastar.
  • ¿Qué hacemos con personajes instrumentalizados por el franquismo, como Jose Antonio o Calvo Sotelo? Esta me parece la cuestión más compleja de todas. Eran fascistas y/o enemigos de la democracia, pero fueron asesinados. Por otro lado, su imagen de asocia a la dictadura y a sus “mártires”. Quizá la solución sea como en el caso anterior, hacer más “neutral” sus referencias, pero no lo tengo claro. Me parece que hay que quitar la mayoría de referencias de los callejeros (sobredimensionadas por su imagen instrumentalizada) pero no sería partidario de una erradicación total como en el caso de los generales golpistas.


Sé que cada persona tendrá un planteamiento subjetivo. Habrá quien no dejaría ni un alcalde franquista de un pueblo de 1.000 habitantes pero en cambio mantendría a Calvo Sotelo, habrá quien eliminaría las referencias hasta a los sargentos que hicieron la guerra civil con los sublevados pero dejaría las leyendas. Al final esta es tan solo una propuesta para acabar de una vez con esto, cumpliendo la ley, siendo coherentes con nuestros valores sociales y democráticos pero, a la vez, causando los menores perjuicios posibles.
Al final este es un debate superado para la gran mayoría de la población y para la práctica totalidad de la gente joven, que no ven ningún drama en esta ley ni en su aplicación más allá de opiniones sobre situaciones concretas. El odio solo lo sienten quienes se oponen con uñas y dientes a esta ley y llenan artículos hablando del “guerracivilismo” de los ayuntamientos y del fanatismo de la izquierda en lo que es una pavorosa proyección de sus delirios. Hágase rápido, pues no tiene vuelta atrás, y a otra cosa.

lunes, 8 de febrero de 2016

Los valencianos















Las numerosas detenciones relacionadas con la operación Taula han llevado a que los valencianos nos hayamos sentido una vez más avergonzados e incluso señalados por nuestros compatriotas. No es nada nuevo ciertamente, ese sentimiento lo llevamos padeciendo de forma intermitente desde hace algo más de 5 años cuando vimos que la trama Gürtel tenía uno de sus epicentros aquí y, fuera de Valencia, se nos preguntaba con condescendencia “¿Por qué seguís votando a esa gente?”.
Muchos dirigentes del gobierno y los ayuntamientos valencianos han hecho declaraciones públicas casi implorando que no se juzgue ni se señale a esta tierra por los casos de corrupción de los antiguos gobiernos del PP. Otros dirigentes políticos también han escrito sobre esto, como Fernando Giner el portavoz de C’s en en ayuntamiento de Valencia, en un texto cargado de buenas intenciones pero con un aire un tanto provinciano que creo que desenfoca la realidad. Claro que en Valencia hay muchas empresas potentes y muchas manifestaciones culturales, como en todas partes, la cuestión es por qué ha pasado aquí lo que no ha pasado en el mismo grado en otras latitudes.

Uno de mis mayores miedos es que la respuesta de la sociedad valenciana a estos casos caiga en alguno de los dos extremos que creo debemos evitar. Uno de ellos sería en el de la depresión y la minusvaloración propia, en una especie de auto-odio que desestructuraría la sociedad y la haría vulnerable ante intenciones externas de control social. Esto es lo que parece que quieren evitar nuestros políticos con estos llamamientos a la verdadera idiosincrasia de nuestra tierra.
Pero el otro extremo sería replegarse defensivamente e interpretar los dedos que nos señalan como una agresión a nuestra colectividad, nuestra cultura y nuestra tierra. Esto generaría una reacción endogámica que también sería aprovechada por desaprensivos y nos haría caer en un victimismo que paradójicamente nos retornaría al punto de inicio de toda esta problemática, pues el victimismo y la endogamia fueron el caldo de cultivo para esta ceguera colectiva que afectó a esta tierra y de la que ahora sentimos las consecuencias.
La respuesta adecuada a este drama es una equilibrada y tremendamente crítica introspección colectiva que señale certeramente qué ha causado todo esto, con el objetivo de hacer una cirugía reparadora. Y en parte importante la hemos hecho, ojo, pero vamos a tener que persistir para que esta rectificación que nació hace dos o tres años y que se certificó en mayo del año pasado no sea algo puntual.

Los valencianos, cayendo en esa depresión de la que he hablado antes, muchas veces consideramos que el problema de la corrupción en Valencia se debe a que somos “meninfots” (palabra en valenciano que significa que “pasamos de todo”), y que al ser algo propio de nuestra idiosincrasia no tiene remedio. No es verdad, lo que ha pasado aquí tiene que ver con cuestiones estructurales y políticas que, sin ser coyunturales, no son tan estructurales como una idiosincrasia invariable.
El problema de la corrupción en la Comunidad Valenciana creo que es en parte producto de las consecuencias psicológicas de la Batalla de Valencia. Aunque podríamos decir que esta batalla acabó en empate la realidad es que la semilla del blaverismo germinó en Valencia, llenándonos de complejos frente a Cataluña, por un lado, y de frustraciones respecto a “Madrid”, por otro. Y en esto llegó el Partido Popular, entendió que ese doble complejo era poderosísimo y lo usó para crear una hegemonía político-cultural que es la madre de nuestras desgracias.
El PPCV combinó hábilmente el rechazo al “catalanismo” con una política de acción destinada a resaltar en el mundo. Como he comentado más de una vez aquí nos obsesionábamos por tenerla más grande que los demás, por hacer lo más caro, lo más grande, lo más moderno y lo que más llamase la atención. Cada inauguración o evento era droga para una sociedad necesitada de superar complejos auto-inducidos, y saltábamos de disparate en disparate sin tener en cuenta los costes y los indicios oscuros que envolvían cada hecho. La megalomanía era colectiva.
Muchos lectores pensarán que esta megalomanía no era exclusiva de la Comunidad Valenciana y es verdad, pero aquí jugaba el factor regionalista e identitario. Cada vez que alguien osaba poner en duda la utilidad de cualquiera de estas cosas era tildado inmediatamente de anti-valenciano y casi siempre de catalanista, daba igual que fuese político, periodista o un ciudadano corriente. Y esto creó una espiral de silencio, si te parecían bien estas cosas sacabas pecho en un alarde de megalomanía provinciana, y si no te parecía bien te callabas para no ser atacado ni insultado por los bravucones anteriores.

De todas formas estas espirales de silencio no se implantan de esta manera sin que haya quienes pasivamente lo permitan, y aquí se permitió. Y si hay un sector que tiene una responsabilidad esencial en lo que aquí pasó, este es el periodismo. El periodismo valenciano fue, salvo honrosas excepciones, un muñeco dócil en mano de los gobiernos del Partido Popular. Una prensa los jaleaba y la de enfrente callaba. Desde la época de Zaplana el periodismo en Valencia dejó de cumplir su labor principal.
No hablo de Canal 9 y RTVV, donde hubo una estrategia de depuración de periodistas que finalmente llevó a la ruina al colectivo entero, hablo del periodismo en medios privados. La benevolencia y sumisión respecto al poder de prensa que en teoría era progresista era la norma, por lo hablar de la prensa conservadora, que vivía entre el orgasmo colectivo permanente y la inquisición respecto a los insumisos, catalanistas todos.
Me han contado periodistas valencianos que Zaplana creó un sistema de control de los medios de comunicación en base a la publicidad pagada por empresas amigas. Este sistema, que no es exclusivo de Valencia ni mucho menos, aquí tuvo un éxito abrumador que quizá no tuvo en otras partes.

Al final, y analizando las circunstancias, hay que entender que era normal que la gente creyese que vivía en la tierra más dinámica y puntera del mundo, y que cuando comenzaron a aparecer los escándalos de corrupción la primera reacción fuese la negación. La negación siempre es la primera respuesta, pero cuando hay cuestiones identitarias de por medio es mucho más fácil crear un entramado defensivo que atente contra la razón.
Adicionalmente hay que entender que las sociedades suelen ser conniventes con la corrupción mientras asumen que ésta es positiva para la colectividad. La corrupción nunca es positiva, pero hay momentos donde la gente la tolera, la acepta como inevitable e incluso la ve como un catalizador de ciertas cosas que les interesan. El “para que lo haga otro que lo haga este”, “sólo son cuatro trajes” o el “Sí, pero han hecho X en mi pueblo” es bastante más racional de lo que parece. Las consecuencias negativas de la corrupción son enormes pero a veces intangibles y lejanas, mientras las positivas son inmediatas y te las construyen debajo de casa.
Es por eso que la situación no explotó hasta que los ciudadanos no comenzaron a ver las consecuencias tangibles de la corrupción. Los impagos a las farmacias, las residencias, los hospitales a medio construir o incluso el cierre de Canal 9 tuvieron que suceder para que la gente corriente entendiese a donde llevaba la corrupción que antes era tolerada. Si el caso de los trajes hubiese salido a la luz en 2013 o 2014 os aseguro que la sociedad valenciana hubiese sido mucho más contundente. Aquí explica muy bien el procedimiento Pablo Simón.

Cuento esto porque no se le puede echar en cara la situación al ama de casa, al currito o al agricultor. Es normal que ellos no se diesen cuenta, negasen la corrupción, pensasen que era una persecución o hasta la aceptasen hasta con malicia. No es el ciudadano medio quien debe tener la clarividencia de ver lo que se mueve detrás de las bambalinas y conocer las consecuencias a largo plazo de estas acciones cuando vive en un entorno de grandilocuencia y éxito, y no es a ellos a quienes debemos señalar.
No, es la “élite” política, periodística, económica e intelectual de la Comunidad Valenciana la responsable de que aquí las cosas llegasen al punto en que llegaron. Miremos a los periodistas de los medios principales, a los políticos del partido del gobierno y del principal partido de la oposición, a los empresarios conniventes con el poder y a tantos que debieron avisar y no avisaron, que debieron combatir y no lo hicieron.
Y tampoco hace falta ser “cruel”, ni auto-fustigarse, ni tratar a todos como cobardes. No atreverse a hacer algo que te puede llevar a perder tu trabajo o a ser fustigado socialmente es lógico, lo que parece que no es normal es que no saliesen ese puñado de personalidades excepcionales que resisten todo esto, que combaten contra los elementos y sirven como ejemplo en una sociedad silenciada ¿Tuvimos carencia de una sociedad civil verdaderamente funcional? Yo creo que sí.

Cuando hablo de esto a veces me parece que me esté refiriendo a una época muy lejana. Hoy este blaverismo identitario está minorizado y escondido, hoy tenemos políticos más combativos, periodistas más valientes y una sociedad parcialmente escarmentada. Pero hemos llegado aquí a base de palos, de vergüenza que hemos pasado y gracias a haber abandonado esas corazas mentales que nos hacían percibir como ataques externos lo que era nuestra propia podredumbre interna.
Y por eso la endogamia no puede ser la respuesta a este nuevo destape de la corrupción. Ni podemos pensar que nos están señalando injustamente, ni que todo el producto de una época extinta ni caer en la tentación de ponernos a hablar de agravios. Debemos usar estas cosas para mirar y reincidir en la mirada crítica sobre nuestro pasado. Creo que nos ha ido bien haciéndolo y que el dolor o la vergüenza no puede impedir que lo hagamos otra vez.

Además, y como he dicho siempre, creo que nuestro ejemplo es muy necesario en la España de hoy. Independientemente del contenido y formas de nuestro drama, el factor emocional, identitario y de negación es muy similar al que hoy viven pueblos vecinos. Cada vez que miro al norte y veo como se digieren ciertas cosas, no puedo dejar de ver un reflejo cristalino de lo que pasaba aquí hasta hace 4 o 5 años, con otros ropajes, con otros fundamentos, pero con el mismo sentimiento primario de fondo.
Hemos aceptado que nos engañaron, que éramos conniventes, que el sentimiento identitario nos cegaba, etc. Y ese reconocimiento es honorable, y un ejemplo que debemos dar a este país. Nos vacunará para el futuro y servirá como guía para quien quiera verlo, convirtiendo el drama en sabiduría colectiva y la vergüenza en convicción moral para el futuro.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Carolina, te echaremos de menos
















Después de tantos años sometidos al imperio del PPCV, y aunque seguimos y seguiremos padeciendo sus nefastas consecuencias por largo tiempo, la Comunidad Valenciana había entrado en una época dorada para la política. A pesar de que lamentablemente Esquerra Unida y UPyD  no pudieron entrar en Les Corts, éstas son las más plurales que hemos tenido jamás y en ellas tenemos parlamentarios y debates como no se recuerda.
Tenemos a la enorme Mónica Oltra, a Manolo Mata por el PSPV y también a otros diputados conocidos de la etapa anterior, pero quizá nuestra mayor suerte ha sido que los dos nuevos grupos tenían los mejores líderes posibles. Antonio Montiel es probablemente de los mejores líderes regionales de Podemos sino el mejor, y quien sin ninguna duda era la mejor líder regional de su partido es la protagonista de este escrito, Carolina Punset, quien lamentablemente para los valencianos deja su acta de parlamentaria autonómica para ser eurodiputada.

Durante estos años he conocido a muchos políticos y cada uno de ellos me ha transmitido una sensación distinta en persona. Me encanta ese contraste que tiene Mónica Oltra, siempre tan “maternal” en persona conmigo pero que, delante del micrófono o encima del escaño, se convierte en un terremoto de entusiasmo y movilización emocional. Me gusta mucho también la naturalidad y honestidad de activista que tiene Juantxo Uralde, el afable colegueo del excandidato a alcalde de Valencia por UPyD Eduardo Gómez o  la intensa y un tanto naif energía de la diputada de Podemos Sandra Mínguez. En contactos más esporádicos, también me sorprendió la aparente timidez de Pablo Iglesias, el traje de actor que siempre lleva puesto Toni Cantó o la mesurada ambición de Francesc Romeu.
Pero si ha habido un político con quien he notado una conexión especial éste ha sido Carolina Punset. Por alguna razón que no sabría explicar, entre Carolina y yo siempre he notado una especie de complicidad especial, algo que hacía que a los cinco minutos de conversación ya no hubiese tabús entre nosotros más allá de los obligados por su posición. Quizá es su personalidad, que en vez de calcular las palabras y los mensajes como suelen hacer los políticos es un despilfarro de naturalidad y de una maravillosa incorrección política.

Fue Carolina Punset quien quiso conocerme a raíz de leer uno de mis textos y establecer cierta relación virtual, algo que no fue fácil por la vorágine política que fue el año pasado y por mis propias obligaciones personales. Cuando por fin pudimos vernos las caras, ella ya había tomado posesión del escaño y había pronunciado la frase que la hizo famosa y blanco de críticas e imitaciones: “Allá donde triunfa la inmersión lingüística estamos volviendo a la aldea”. La frase se malinterpretó y se deformó hasta parecer que había llamado “aldeanos” a quienes hablaban valenciano. No lo hizo, y de hecho muchos valencianoparlantes me han reconocido que están de acuerdo con ella.
Recuerdo que discutimos sobre aquella frase. Yo le dije que se había equivocado y que no debió decirla, que había tocado ciertos sentimientos y problemáticas que quizá no conocía. Ella defendía su frase, se quejaba de los ataques y como mucho reconoció haber erizado un complejo latente. También discutimos sobre el Bloc Nacionalista Valencià, sobre Marzà y otras personas, sobre lo que me parecía un inaceptable cordón sanitario contra Compromís, y mucho sobre ecologismo. Y voy a contar una maldad: Comprobé que ciertas informaciones eran ciertas, algo que ella se tomaba con absoluta naturalidad porque de hecho es normal.
Volví a hablar con ella hace muy poco y vi una Carolina algo distinta. Cansada pero relajada, con una perspectiva sobre sus rivales políticos seguramente más abierta que la de la primera vez y con un espíritu de animal libre todavía más potenciado. Ya sabía que se iba e imagino que eso influía. Esta vez discutimos sobre Podemos “nacional”, sobre Cataluña y sobre la posición de C’s ante los pactos, que con escaso éxito intenté hacerle ver que era suicida.

No quiero pecar de amiguismo en su defensa, pero creo honestamente que no hay muchos políticos capaces de escribir un artículo como este, alabando la capacidad de sus rivales políticos. Yo, personalmente, no recuerdo ninguno. Diréis que es fácil hacer este escrito sabiendo que se iba a Bruselas, pero hacer un escrito así siendo miembro de un partido político nunca es fácil y quienes están en los partidos lo saben.
Y si algo demuestra la grandeza del personaje es el indisimulado halago al que es su bestia negra, su antagonista y potencial principal adversario político, el conseller de educación Vicent Marzà. Y no fue un desliz producto del espíritu navideño, a mí me ha hablado maravillas de Marzà a nivel personal y de su capacidad e inteligencia política, y no es el único miembro del Bloc del que me ha hablado bien. Podéis pensar lo que sea de ella como política, pero cosas como estas hacen que alguien se gane el respeto de sus críticos.

Cuando Juan Carlos Girauta fue designado nº2 de C’s por Barcelona ya intuí que Carolina acabaría en Bruselas. Ella, que es de madre francesa, que ha militado en Europe Ecologie-Les Verts y que es ecologista, es normal que piense que se sentirá cómoda en Bruselas. Al fin y al cabo la mayoría de nuestros vecinos del norte se toman el medio ambiente y el ecologismo como algo importante y serio, y no como una “frikada” como todavía hacemos en España. La ecología es algo que tiene una dualidad inherente, que es local pero que a la vez es global, y Bruselas es el lugar donde se toman las grandes decisiones en el terreno del medio ambiente que más tarde nos afectan.
Además, creo que Carolina estaba un poco cansada de la política valenciana. Lo de “la aldea” le marcó mucho y la ha convertido en diana de las críticas de mucha gente. Yo me he desgañitado defendiéndola delante de gentes de izquierdas y la verdad es que he tenido bastante poco éxito. De hecho se daba una situación curiosa, la “intelectualidad” de izquierdas ha ido progresivamente mejorando su visión sobre ella (a modo de ejemplo, aquí) mientras que la “masa” irracional de seguidores de los partidos han seguido despreciándola como el primer día.
Por otro lado, y según cuentan periodistas que saben de esto, parece que hay un sector del partido que le era hostil y que deseaba controlar C’s cuando ella se marchase. Estas disputas internas no deben ser cómodas, Carolina debe sentirse como aquellas reinas que sabían que a su muerte se desataría una lucha de poder. Y para un Apparatchik eso es lo normal, de hecho hasta disfrutan con la conspiración y la guerra interna, pero para un espíritu libre como Carolina no lo es.

Los valencianos vamos a perder mucho con su marcha a Bruselas, sobre todo si el sector ripollista toma el control de C’s. Con Carolina en el fondo pasaba lo del chiste de Adolfo Suárez pero al revés. Decían que Suárez era como un boxeador, que amagaba con la izquierda pero que acababa pegando con la derecha. Con Carolina pasa lo contrario, amenaza con la derecha (porque está en C’s) pero, a la hora de la verdad, golpea con la izquierda.
Porque Carolina ha sacado adelante leyes ecologistas como las del modelo urbanístico o sobre agricultura sostenible, demostrando que aquello que decía en su libro sobre que su objetivo era “enverdecer” a los partidos por dentro era real. Pero no es solo eso, C’s ha apoyado la derogación de la ley de señas de identidad del PP (al menos una parte de C’s), apoya el cambio de la ley electoral para bajar la barrera al 3% o ha pedido una comisión de investigación sobre la Operación Taula. Creo que su labor al frente de C’s ha sido globalmente positiva.
Sin Carolina como síndica de C’s temo que este partido se escore a la derecha, se alineé con el PP y empiece a abrazar tesis blaveras. Si el nuevo portavoz es Alexis Marí creo que C’s estará más protegido de esa deriva, pero si es Emigdio Tormo me temo que el partido pueda acabar ahí. Y quizá piensen que ante la debacle del PPCV ese viraje es una buena idea electoralmente hablando, pero no lo es. El PPCV es un gran dragón herido y durmiente, pero sigue siendo un dragón y si C’s juega a imitar al dragón al final acabará vapuleado, desnaturalizado y eventualmente absorbido.

En Bruselas Carolina se sentirá más libre, menos marcada y con más libertad de movimientos. Allí coincidirá en Bruselas con otro eurodiputado ecologista español con ascendente francés y ex miembro de Les Verts, Florent Marcellesi, y lo harán en grupos distintos. Ojalá les veamos presentar iniciativas juntos y apoyar las mismas cosas en muchos terrenos.

Pero aquí en Valencia nos quedamos huérfanos de una oposición que aportaba, construía, presentaba propuestas y reorientaba el rechazo y lo convertía en contribución, y eso es tan importante como tener un buen gobierno. Perdemos a una marinera que sabía navegar en las aguas del multipartidismo, pescar en ellas y llegar a puerto. Espero equivocarme, pero tengo la sensación de que la vamos a echar mucho de menos

lunes, 1 de febrero de 2016

La partida de ajedrez entre Pedro y Pablo















Las negociaciones postelectorales en España parecen guiadas por la perspectiva (o el terror) de unas nuevas elecciones más que por cuestiones programáticas o políticas. Nuestra falta de cultura parlamentaria ha llevado a todo el mundo a no ver opciones políticas donde hay multitud de ellas, y por eso se ha generado un imaginario colectivo que ve probable la repetición de las elecciones. Así pues los partidos priorizan posicionarse bien ante las urnas por delante de cualquier otra cuestión con la excepción quizá de C’s. No es solo culpa suya, esa falta de cultura parlamentaria lo ha invadido todo.
En este contexto hay multitud de guerras de posiciones entre partidos, con pensamientos estratégicos sobre el probable movimiento del rival que condiciona el tuyo propio. Rajoy y Sánchez llevan una clara guerra de posiciones y el PP y el PSOE también, aunque me temo que son dos guerras distintas. Pero hoy quería hablar de la partida de ajedrez que están jugando Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para situarse como partido preferente de la izquierda española.

Para empezar debemos insistir en la realidad de fondo de todo este asunto, que no debe ser olvidada: PSOE y Podemos, incluso con IU, tienen menos escaños que PP y C’s, y aunque los tuviesen siguen lejos de la mayoría para gobernar. Así pues un posible pacto entre estas fuerzas necesitaría del apoyo de otros partidos y la abstención de otros más, algo que si ya de por sí es difícil en esta situación, con partidos que hablan de “desconexión” con el estado, se convierte casi en una misión imposible. No es que no pudiesen formar gobierno (con un pacto a muchas bandas podría hacerse), el problema sería sacar leyes adelante.
¿No hay ninguna opción de un gobierno estable? Sí, hay una: Que ese gobierno contase con la abstención y/o apoyo de C’s. Esa solución permitiría el doble objetivo de quitar al PP del poder y no quedar dependiente de los independentistas. La cuestión es que C’s se niega absolutamente a apoyar un gobierno “con” Podemos. Sea lo que sea que quiera decir esto y los límites flexibles que tenga, si parece que C’s no apoyaría un gobierno con ministros de Podemos.
Todo lleva, pues, a una opción un tanto extraña pero que es la más factible en estos momentos y que es la que propuse el otro día: Un gobierno del PSOE en solitario investido por Podemos y C’s, con un programa de reformas pactado y con el objetivo de una legislatura corta. ¿Es razonable que gobierne el PSOE en solitario con solo 90 diputados? No lo sé, pero en estas circunstancias es lo único realista más allá de la gran coalición PP-PSOE.

Para el PSOE la jugada era clara: Buscar esta opción con el beneplácito inicial de C’s y así tirarle encima la responsabilidad a Pablo Iglesias. Pero Pablo debe haber intuido esta situación y, antes de que se pusiese sobre la mesa, ha intentado boicotearla con la jugada que hizo después de su entrevista con el rey Felipe VI. A la salida, Iglesias pidió no solo la vicepresidencia del gobierno sino también unos cuantos ministerios que, siendo mal pensado, diría que son precisamente los que menos les gustaría a C’s que Podemos manejase. Parece hecho casi para cortar en seco con cualquier posibilidad de negociación.
El tono condescendiente y un tanto ofensivo de Pablo consiguió un segundo objetivo que probablemente también era perseguido por él: Enervar a todos los antiguos dirigentes y al sector sureño del partido. Más presión para Sánchez, al que empujan todos los días a pactar con el PP, los suyos y la prensa en general, teniendo especial empeño el diario EL PAÍS, que diariamente tiene dos artículos fijos, uno pidiendo un pacto PP-PSOE sin Rajoy y otro destapando la perversidad de Podemos.

Pero Sánchez se ha quitado la presión de encima con un mensaje multidireccional pero quizá más interno que externo: Sea cual sea el pacto al que se llegue, tendrá que ser ratificado por las bases del partido. La promesa es vaga e inconcreta pero es lo suficientemente fuerte para que sus críticos se lo piensen dos veces antes de proponer pactos con el PP. Un pacto con el PP sería probablemente rechazado por las bases y con casi toda seguridad lo sería si consiste en investir a Rajoy. Este mensaje también es importante para el PP porque ya no se trata solo de convencer a los negociadores del PSOE, también se debe convencer a sus bases.
El siguiente paso, después del órdago de Iglesias y si finalmente el rey Felipe le encarga formar gobierno, parece claro. Pedro intentará un pacto con C’s y, cara a la investidura, echará la responsabilidad sobre Podemos, que deberá decidir si acepta ese gobierno o si acaba forzando un pacto PP-PSOE (-C’s?). Porque Podemos quiere que ese pacto de todos contra él se dé, los deja solos en la oposición para capitalizar todo el descontento, pero no pueden aparecer ante la opinión pública como quienes lo han provocado.
La cuestión es que este pacto PSOE-C’s tampoco tiene muchas posibilidades. Suma 130 diputados, escasamente 7 más que el PP, así que incluso con la abstención de Podemos ese gobierno no saldría adelante. Yo no veo a DiL y ERC aceptando pasivamente un gobierno en el que esté C’s, la verdad. Este gobierno, no obstante, creo que tendría una vida parlamentaria más fácil que el de PSOE-Podemos, porque al estar situado en el centro político podría conseguir apoyos puntuales a ambos lados del espectro.

Analizando la situación parece difícil pensar que a Pedro Sánchez le vaya a salir bien la jugada y que Iglesias tiene las de ganar, pero yo no lo tengo tan claro. Que Pedro Sánchez haya llegado al momento presente empeñado en sacar adelante un gobierno sin el PP me parece meritorio y creo que está sobreviviendo en un entorno de grandes dificultades. Si al final logra dejar a Iglesias como responsable de que no haya un gobierno de izquierdas (ojo a la pinza que pueden hacer con IU, a quien le interesaría que Podemos quedase marcado) y, aunque pacte con el PP, consigue eliminar del mapa a Rajoy, habrá conseguido mucho para las posibilidades que tiene.
No olvidemos que la fuerza negociadora de Pedro y del PSOE depende de la posibilidad de organizar una alternativa sin el PP. Sólo si las opciones son reales (aunque sean políticamente suicidas) podrán provocar la caída de Rajoy y un programa de gobierno que corrija las tres o cuatro cosas imprescindibles para ellos y que podrían justificar el pacto cara a sus bases y sus votantes.