La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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viernes, 27 de mayo de 2016

Venezuela y la madurez política






















El mundo se controla con el miedo, esta es una realidad conocida desde que los hombres viven en sociedad y ha sido usada por todos los regímenes políticos existentes, por las religiones, por el terrorismo, etc. El miedo es y ha sido siempre la manera más efectiva de controlar a la sociedad, por encima del interés, el dinero u otras cosas.

Cuando un sistema o un gobierno se siente amenazado siempre recurre al miedo para intentar sobrevivir. “O yo o el caos”, que adopta las más variadas formas en función del lugar. Hace décadas, en plena dictadura franquista, el régimen lo convirtió en “o Franco u otra guerra”, y ya más tarde asustaron con el espantajo del comunismo y de la URSS, donde según la propaganda vigente la gente se moría de hambre. En la transición, y una vez el PCE quedó minorizado, se intentó asustar a las personas de orden diciéndoles que los socialistas les iban a quitar las casas y los negocios.
Cuanto más pobre, más inculto, más cerrado y funcionalmente analfabeto es un país, más fácil es usar este tipo de miedos. Los norcoreanos viven asustados porque su gobierno les machaca con que los EEUU los quieren invadir, en otros sitios el miedo es al “comunismo”, que es un fantasma que lleva 25 años muerto pero que todavía remueve tripas. En sociedades más avanzadas el miedo es al terrorismo, y cuando menos cultas son, más fácil es que justifiquen todo tipo de atropellos políticos como respuesta al mismo. Si nos ponemos a contar cuantos gobiernos o regímenes asustan con que su oposición es una traidora y está al servicio del grupo étnico o la religión vecina no acabaríamos nunca.

Yo soy una persona que cree en el progreso, entendiendo éste como se lleva entendiendo durante los últimos dos siglos. Creo que la libertad de expresión y prensa debe hacer que los ciudadanos estén mejor informados, creo que la extensión de la educación debería garantizar que los ciudadanos sean más críticos y menos manipulables, etc. Creo que la democracia y la sociedad deberían mejorar progresivamente si nos proponemos que lo haga.
Pero tampoco soy un necio. Sé perfectamente que las formas de manipulación evolucionan y se modernizan conforme avanza la cultura social, sé que los mecanismos de control han evolucionado y que en vez de la censura ahora se usa la inundación de informaciones en un sentido para crear una opinión “verdadera”. No soy tan tonto de pensar que el hecho de que la gente tenga estudios o información nos vacuna del control social o la desnaturalización y verticalización de la democracia, porque no es así. Pero sí creo que al menos no es posible usar el mismo estilo de propaganda que se usaba hace 50 o 100 años cuando las poblaciones eran analfabetas y estaban alienadas por mitos y dependencias.
Y de ahí viene mi gran frustración con la situación actual, donde la palabra “Venezuela” es perfectamente sustituible con la “Rusia”  de hace medio siglo, donde el espantajo de Venezuela se usa de la misma manera que con la URSS de antaño, con un nivel “intelectual” de la propaganda que no ha evolucionado ni un ápice del que se usaba para dominar a la población analfabeta de antaño.

Venezuela es el hombre del saco, el bárbaro invasor, el apocalipsis bíblico o el enemigo allende nuestras fronteras; su aparición en escena coincide mágicamente con los momentos en que se necesita anular posibilidades políticas o golpes de efecto mediáticos de un adversario político. Las noticias sobre Venezuela se multiplican por diez cuando llega la campaña electoral para cesar luego, vuelven a explotar cuando se vislumbra la posibilidad de que Podemos toque poder, desaparecen más tarde y reaparecen de nuevo cuando el pacto político entre Podemos e IU amenaza al resto de formaciones. Es tan evidente que da vergüenza ajena verlo, y más que eso da vergüenza porque como destinatario potencial de la propaganda te están tratando como si fueses imbécil.
Pero la realidad es peor aún. Nuestros políticos desfilan por Venezuela no para ayudar en nada, sino para hacer campaña aquí. La oposición venezolana, en un evidente pacto (tácito o no) con el gobierno español y con ciertos partidos, acepta convertir su país en un decorado televisivo para la campaña española. No los juzgo porque no soy quien para hacerlo, ellos sabrán valorar si vale la pena convertirse y convertir su país en una herramienta para nuestros partidos y qué beneficios presentes y futuros pueden sacar de eso.
A quien juzgo es a nuestros políticos, a quienes en el mejor de los casos les importa bastante poco el Sr. López, el Sr. Ledezma o los presos políticos en Venezuela, tan solo los usan como un clínex, como usaban en su momento a los presos políticos en Cuba y ahora, como el gobierno cubano se ha “arreglado” con el de EEUU, nuestro ministro de exteriores los ignora completamente, a ellos y a la oposición a Castro.
Si Podemos no existiese, Rivera no iría a Caracas, no se recibiría al padre del Sr. López como un libertador y no estarían nuestros políticos hablando todo el día de Venezuela. Si además el gobierno venezolano fuese aliado o amigo del nuestro, directamente pasarían de puntillas por la situación de Venezuela, dirían que es un problema interno y que lo importante es mantener buenas relaciones con el gobierno venezolano y que nuestras empresas hagan negocios allí ¿O no es así en Guinea, China o Marruecos, donde se ignoran violaciones de los DD.HH mucho mayores? ¿Alguien ha entrado oficialmente a valorar la situación de Brasil, acaso? ¿Y en Paraguay en 2012, en Honduras en 2009?
Las relaciones internacionales tienen esta “servidumbre”, para mantener buenas relaciones diplomáticas no entras en situaciones internas si no son extremadamente insostenibles, para no perjudicar a tus nacionales y tus empresas callas como seguramente no deberías de callar. Pero nada de esto sucede con Venezuela, donde nuestro gobierno ha llegado a un grado de injerencia verbal inverosímil y sin precedentes. Lo terrible es este doble rasero.

Lo digo como lo siento, yo estoy hasta los cojones de Venezuela. Que me perdonen los venezolanos, pero lo que pasa en Venezuela me importa relativamente poco, no más que lo que pasa en México, Colombia u otros países. Cada noticia sobre Venezuela me aburre, y me aburre porque en el fondo no es una noticia sobre Venezuela, es una campaña política. Cada noticia la llego a sentir como un insulto a nuestros ciudadanos, a nuestra inteligencia como sociedad.
Y la cuestión es que estoy convencido de que la gente está hasta el gorro de Venezuela, y estoy seguro que aunque hablemos 24 horas al día de Venezuela durante el siguiente mes la coalición Unidos Podemos no va a perder un solo voto. Quien no haya sido aterrorizado desde 2014 hasta hoy no va a serlo durante el siguiente mes. En esa gente, en el votante potencial de Unidos Podemos, quizá lo único que van a conseguir es que piensen que todas las noticias son manipulaciones y mentiras (cuando obviamente no lo son).
Lo que provoca esta propaganda es atemorizar a quienes ya han comprado la idea, a quienes jamás votarían a Podemos aunque no saliesen ninguna de estas noticias. Esto sólo genera crispación, sólo genera un miedo que se transforma en odio y que no tiene utilidad electoral alguna, solo polariza políticamente a la sociedad con las evidentes consecuencias que tiene esto. Si acaso polariza aún más el voto, beneficiando al PP por un lado y quizá hasta a Podemos por el otro (por pura reacción por sentirte que te tratan como un imbécil).

Relacionado con esto, creo que hay algo que es imprescindible comentar. Si hay un político en este país que ha ido a Venezuela verdaderamente a intentar mejorar la situación allí es José Luis Rodríguez Zapatero. Ninguno de los que aquí se les llena la boca hablando de Venezuela o aquellos que tienen agradecimiento al chavismo por haber trabajado en el pasado allí tienen el comportamiento honesto que tiene el expresidente en este asunto.
Pues bien, en medio de esta asquerosa guerra el pobre Zapatero se ha tenido que encontrar esta “noticia” que insinúa que su motivación para ir a Venezuela puede tener que ver con cosas bastante poco lícitas como negocios, comisiones o mordidas. Hasta este punto de infamia hemos llegado, a lanzar inmundicia a alguien que nada tiene que ver en esta guerra y que solo intenta hacer lo que cree más conveniente, acertada o equivocadamente.
No consigo entender la inquina permanente que tiene nuestra derecha a José Luis Rodríguez Zapatero. Cinco años después de abandonar el poder está de sobra demostrado que la personalización de la crisis sobre su persona era una patraña, pero es que aunque no lo fuese ese odio permanente es enfermizo y producto de una bilis mental peligrosísima. Yo no he sido precisamente amable con Zapatero durante los últimos años de su mandato, pero ese hombre, que creo es una buena persona, no merece esto y que procede que alguien empiece a rehabilitar su imagen, al menos parcialmente.

Nos están intentando aterrorizar como todas las generaciones anteriores a la nuestra han intentado ser aterrorizadas, no es nada nuevo. Sin embargo creo que nuestro país ya tiene la madurez política suficiente para no dejarse asustar con espantajos, aunque nuestros políticos no lo entiendan. De hecho lo terrible de todo este asunto es que recurrir al miedo sea lo único que tengan ciertos partidos para intentar sobrenadar políticamente. Al final sí va a ser cierto que la degradación de nuestra clase política es profunda, si es que no tienen nada más que aportar que la predicción del apocalipsis en manos de sus adversarios.

lunes, 16 de mayo de 2016

Una propuesta para un nuevo sistema electoral en España
















Tengo que empezar este escrito dando las gracias a Dario Ucha, quien es en parte responsable de este escrito al ofrecerme una nueva visión distinta a la que tenía previamente. Voy a comentar la propuesta de forma cronológica, pasando por mis impresiones iniciales y cómo las he ido cambiando con el paso del tiempo.

Para empezar debemos dejar claro que no existe un sistema electoral perfecto, todos los sistemas electorales tienen fallos, ventajas e inconvenientes. Hay sistemas que son muy proporcionales pero que perjudican a la gobernabilidad, otros que favorecen la gobernabilidad pero dejan sin representación a parte importante de la población o son poco proporcionales en el poder que otorgan, otros son proporcionales pero dejan esta proporcionalidad en manos de los partidos y no de los ciudadanos, etc, etc. Al final hacer un sistema proporcional, plural, representativo y que favorezca la gobernabilidad es imposible, si avanzas mucho en un terreno irremediablemente cedes por otro.
Así pues la elección de un sistema u otro no se debe a cual es “mejor” sino a qué objetivos quieres cumplir, y obviamente también a qué factores das más importancia de forma subjetiva. Yo siempre me baso en que España necesita superar el sistema de bipartidismo imperfecto que tenemos, que la proporcionalidad es importante y que la representatividad también es necesaria. A pesar de la lamentable repetición de elecciones la gobernabilidad me importa relativamente poco, creo que ésta llegará con el aprendizaje y cuando la ciudadanía premie más la responsabilidad del pacto y castigue menos la debilidad de la cesión, y que imponer la gobernabilidad mediante sistema electoral sólo haría reincidir en los vicios del pasado que queremos eliminar.

Yo siempre he sido defensor del sistema alemán, donde la mitad de diputados son elegidos en una lista única federal y de forma estrictamente proporcional (eso sí, con una barrera de entrada del 5%), y la otra mitad son elegidos en circunscripciones uninominales pero con una corrección: El resultado final del parlamento debe ser estrictamente proporcional según los resultados de la lista federal, así que primero entran los diputados por circunscripción y luego el porcentaje se completa con los de la lista. Si por alguna razón un partido tuviese más diputados por circunscripción que el número que le correspondería por porcentaje de votos se crearían escaños adicionales en el parlamento.
Este sistema cumple la doble virtud de ser proporcional y además representativo, eliminando en parte el riesgo de estructuras partitocráticas al haber diputados electos directamente por su circunscripción, pero tiene un problema: Se puede manipular fácilmente creando una “segunda marca” en las circunscripciones con el objetivo de que esos diputados no se resten a los de la lista. Ejemplo: Si el PP sacase el 30% de los votos debería sacar el 30% de los escaños (el porcentaje se recalcula entre los partidos que superan el 5%, pero vamos a obviarlo para simplificar), y a no ser que saque más de un 30% de los diputados de circunscripción, que provocaría crear escaños adicionales, ganar en las circunscripciones no le aporta mucho. Pero si en Navarra se presenta UPN, el Foro en Asturias, el PAR en Aragón, aliados naturales todos del PP, el PP puede no presentarse y pedir el voto para ellos, con el objetivo de que los diputados de estos partidos no resten al 30% del PP. Y esto podría hacerlo el PP, Podemos con sus marcas locales y todos los partidos. Sería hacer trampa al propio sistema y no es una especulación, ha pasado en varios países.

En frente a esta opción, mi amigo Dario me propuso algo similar para España pero más claro, más “limpio” y sin posibilidades de manipular. Sería hacer también esas dos listas, una de 175 diputados que fuese nacional y estrictamente proporcional, y otra de circunscripción, creándose 175 circunscripciones de igual tamaño que elegirían un diputado cada una. La diferencia con el sistema alemán es que ambas listas serían independientes la una de la otra, por un lado, y que para evitar que partidos con una mayoría mínima sacasen el diputado la elección de la circunscripción sería a dos vueltas, pasando a la segunda vuelta los dos primeros de la primera.
El sistema parece muy bueno. Por un lado es proporcional (la lista nacional), por otro es representativo (las circunscripciones), no se pueden hacer las trampas indicadas anteriormente y la segunda vuelta garantiza que no van a salir diputados rechazados por la mayoría. Seguramente no será tan proporcional como el sistema alemán, pero impedimos que un partido rechazado por la mayoría saque mayoría absoluta con un 30 o 35% de los votos y evitamos fraudes, triquiñuelas y garantizamos la representatividad del diputado de circunscripción.
Sin embargo veo un problema. ¿Cuándo se harían las dos vueltas? Porque si se hace la primera vuelta junto a la elección nacional, entonces la segunda vuelta quedará condicionada a los resultados de la elección nacional (los partidos organizarán estrategias en función de eso). Y si es al revés, si la primera vuelta se hace antes de la elección nacional (que coincidiría con la segunda), esa influencia también se daría pero en sentido contrario. No me gusta esta idea de que medio parlamento esté decidido (o casi) cuando se vota el otro medio.

Para solucionar este problema se me ocurre una opción que evitaría la elección de un diputado mayoritariamente rechazado y que se podría solucionar en una sola elección: Usar el sistema del voto alternativo o “segunda vuelta instantánea”. Con este sistema el elector ordena a los candidatos a diputado en orden preferencial y, si ningún diputado saca mayoría absoluta en las primeras opciones, se hace una “segunda vuelta” automática entre todos los candidatos excluyendo al menos votado donde se cuentan también las segundas opciones. En cada vuelta se elimina al último candidato y se cuenta la siguiente preferencia, así hasta que haya un candidato que tenga la mayoría de votos. Este sistema evita la elección de candidatos que nunca serían elegidos en una segunda vuelta, aunque tiene cierta complejidad y puede permitir ganar a terceras y cuartas opciones.
Este sistema permite multitud de variables y creo que la cuestión es elegir la que mejor se adapte a lo que buscamos ¿Hay que obligar a ordenar a todos los candidatos de la lista? Creo que en España sería implanteable ¿Queremos que se pueda elegir una tercera o cuarta opción porque tenga poco rechazo? ¿Qué valor le damos a una segunda o tercera opción? Existen muchas variables y la verdad es que resulta difícil elegir una.
En mi opinión creo que lo ideal sería un sistema donde los electores puedan elegir preferencias del 1 al 3, sin ser obligatorio elegir más allá de la primera. Si nadie saca el 50% de los votos se va a una segunda vuelta entre los 3 candidatos más votados donde se cuentan las segundas opciones como 1/2 voto cada una y las terceras como 1/3 de voto. Después de esto el candidato que más votos tenga es quien se lleva el escaño.
Si fuésemos estrictos y quisiésemos imitar la segunda vuelta lo lógico sería que sólo contasen los dos candidatos más votados y que entre estos dos se contasen las segundas y terceras opciones. Si no he propuesto esto es por la sencilla razón de que me parece que el sistema con el tercer candidato puede dar un resultado más plural y menos bipartidista, además de permitir la entrada de diputados con muy poco rechazo en entornos muy polarizados. Pero insisto, es una preferencia particularísima mía.

Creo que España corre el peligro de caer en el pánico de la ingobernabilidad y plantear una reforma regresiva del sistema electoral. La democracia no es solo que gobierne el más votado, la democracia debe también dar un papel a los partidos que no son mayoritarios, dar cauce político a las demandas ciudadanas nacientes y limitar los excesos gubernamentales. Lo fácil es caer en la tentación del sistema mayoritario, en las dos vueltas o que gobierne el más votado, evita problemas y quebraderos de cabeza pero en el fondo anula muchas de las principales ventajas de la democracia.
Ir a un sistema ultra-mayoritario es algo que en breve algunos interesados plantearán, estoy seguro, pero no es la solución sino que sería la cronificación de nuestros problemas. Los países más avanzados de Europa tienen sistemas parlamentarios proporcionales y se basan en el pacto, y eso no podemos perderlo de vista.

domingo, 8 de mayo de 2016

Sobre la vida, la política y el ecologismo













No suelo prodigarme en escritos personales ni suelo entrar en cuestiones demasiado filosóficas o trascendentales, más que nada porque creo que no es la temática de este blog y no quiero aburrir a los lectores con filosofaciones extravagantes. Sin embargo hoy quiero hacer una excepción parcial y me gustaría dar un tono un poco más trascendental a este escrito, que no obstante tiene también una clara derivada política. Hace tiempo que quería escribir algo así aún sabiendo que va a quedar un poco desordenado y algo extraño. Permitidme hoy la licencia.

Por alguna razón que desconozco la vida parece que pasa más deprisa conforme envejeces. De niño el tiempo parece infinito, las cosas que esperas nunca llegan y eres absolutamente inconsciente de los cambios que produce el paso el tiempo. Cuando superas la adolescencia eres más consciente del tiempo pero por alguna razón eres incapaz de vislumbrar el fin de la juventud, que parece eterna e inacabable. Creo que hasta casi los 30 años no te das cuenta que la juventud se acabará algún día, más o menos cercano dependiendo de dónde sitúes su fin. 
No obstante llega un momento en la vida en que notas que el tiempo se te escapa de las manos, que te arrastra como una corriente imparable que acelera cada vez más, sintiéndote impotente ante semejante torrente de fuerza. Quizá tenga que ver con que empiezas a ver morir a gente que nunca te has planteado que verías morir o quizá sea por cualquier otra razón, pero llega un día en que te planteas que la muerte está ahí, es algo real que inevitablemente llegará por muy lejana que parezca. Los humanos morimos, es una realidad que conocemos desde niños pero que tardamos muchos años en “sentir” realmente.

Yo no soy un hombre de Fe y por tanto no creo en paraísos ni en otras vidas. Morimos y ya está. Quizá los creyentes lo vean de otra forma pero creo que los no creyentes en general nos preguntamos mucho sobre el sentido de la vida. Una vida de 80 o 100 años ¿qué es entre los miles de millones de años del universo? No es nada, no parece tener sentido. Incluso llevado a un terreno más cercano te planteas ¿qué quedará de mi de aquí mil años? A no ser que seas Julio César, Platón o Jesucristo la respuesta es probablemente nada (y aunque seas ellos quizá la respuesta sea una historia distorsionada y poco fiel a lo que realmente eras).
He dicho antes que no tengo Fe religiosa y es verdad, pero para ser honesto tengo que reconocer que empatizo con cierta visión budista de la vida. Los budistas creen que somos parte de un todo y que nuestra vida es realmente una especie de engaño de los sentidos (negación del “yo”), una individualidad temporal y efímera en una realidad que está en constante cambio. Como persona de ciencia sé que eso es lo que pasa con la materia del universo, que está transformación continua y permanente lo convierte todo en efímero, y como no creo en vidas eternas ni en el más allá esta idea budista y la realidad científica me resultan coherentes y absolutamente compatibles entre sí.
La idea da un poco de vértigo, la verdad. Realmente no somos nada, nuestra personalidad e individualidad no es más que algo efímero, objetivamente intrascendente. Esta visión se puede derivar en muchas cosas, desde el ascetismo hasta el nihilismo, pero a mí personalmente me refuerza cierta idea de colectividad, de entender que realmente este “yo” que nuestra sociedad nos vende como la idea central de todo (porque nuestra cultura moderna occidental nos inculca la idea del “yo”, del egoísmo, del propio interés, etc.) es una degeneración y un extremismo de una realidad individual que es objetiva pero que, a la vez, digamos que no es trascendente, porque al final del camino está la evidencia más comunista que existe y que nos hace a todos iguales: La muerte. 

¿Cuál es el objetivo del ser humano? Más allá de teorías o filosofías, sólo hay una realidad científica: El objetivo del ser humano es perdurar. Vivimos destinados a morir, pero resistimos todo lo que podemos y morimos dejando descendencia que resiste más tiempo que nosotros y que, cuando no aguanta más, ha dejado a otros para que la sobrevivan. Al final es como una batalla entre la naturaleza y nosotros, estamos empeñados en sobrevivir y ese es nuestro objetivo, objetivo que no es individual ni egoísta sino que es de especie, colectivo, y que en el fondo nos iguala con el resto de seres vivos del planeta.

Cuando reflexiono sobre estas escalas de tiempo y estos destinos trascendentales no puedo dejar de pensar en la política. Pienso en nuestras disputas sociales, en aquellos que miran el liberalismo, el socialismo o cualquier otra ideología como si fuesen religiones, como si fuesen verdades trascendentes destinadas a perdurar. Y no lo son, son solo respuestas temporales a un mundo concreto con unas relaciones humanas concretas
Cuando los humanos de aquí a mil años analicen nuestras disputas quizá nos vean como vemos nosotros a los hombres prehistóricos. No nos entenderán porque en el fondo y por mucho que lo estudien no sabrán que es vivir en esta época, verán que nuestras disputas políticas responden a unos parámetros sociales retrasados y considerarán la mayoría absurdas o intrascendentes ¿Os imagináis a un habitante del actual territorio catalán en el año 3.000 analizando el nacionalismo catalán? Probablemente lo verá como una ridiculez, pero quizá no mucho más que el liberalismo, el comunismo o cualquiera de las cosas que nos planteamos ahora.
Haciendo este tipo de abstracciones te das cuenta de lo poco sólida que es la ideologización y hasta qué punto estamos emocional y visceralmente condicionados por nuestro pequeño mundo. Unos consideran que el individualismo social es intrínseco al ser humano, otros que una estructura colectiva es el siguiente paso en el progreso de la sociedad humana pero ¿qué verdad “trascendente” hay en esto? Ninguna, son Fes creadas por un análisis sesgado de un pequeño mundo, de una estructura concreta y de un tiempo histórico absurdamente breve. Pensar que eso es “la verdad” social es un pensamiento primitivo y arrogante.

Sin embargo si analizo la política desde este punto de vista largoplacista y trascendente no puedo desechar todo y tirarlo a la basura, porque la verdad es que hay un pensamiento político-ético que si merece una atención especial y que sí que creo que contiene una pequeñita “verdad”. 
He dicho antes que el objetivo del ser humano es perdurar. Ese es el objetivo supremo, lo único que sabemos que es indiscutible, y creo que debe estar por encima de cualquier otra consideración. Y para perdurar lo esencial es que nuestros descendientes puedan vivir sobre el mundo que habitamos. En frente de este objetivo cualquiera de los debates sobre la propiedad de los medios de producción, la organización social, la cultura, las lenguas, las religiones o los valores se convierte en secundario o accesorio. 
Considero que hoy en día solo el ecologismo contiene esa “verdad”, sólo el ecologismo nos coloca ante la prioridad de conservar el medio ambiente que es el soporte vital para que nuestra especie sobreviva. No es cuestión de planteamientos “naive” o de éticas circunstanciales, es una cuestión eminentemente antropocéntrica pero con una altura de miras superior a cualquier otra ideología o planteamiento político que tengamos actualmente. El ecologismo parece capaz de mirar más allá del propio deseo humano, de los condicionamientos culturales de la sociedad y enfoca el futuro con un pragmatismo científico fuera de toda duda (lo que no quiere decir que todos los planteamientos de los ecologistas tengan esa visión científica, hablo de los fundamentos no de lo coyuntural).

Vuelvo a pensar en ese hombre del año 3.000 que está estudiando nuestro modo de vida y nuestros comportamientos sociales e imagino qué pensará, por ejemplo, de la energía nuclear, de los arsenales atómicos, del cambio climático o, mirando un poco más atrás, del uso de compuestos químicos que destruyen el ozono. Mi imaginación me dice que nos verá como a esos peces que no paran de comer hasta que se mueren, o quizá peor, porque el pez seguramente no sabe lo que le va a pasar y el ser humano sí conoce el riesgo. “¡Cómo estos energúmenos seguían con centrales nucleares después de Chernobyl y Fukushima! ¡Estaban locos!” pensará.
Tengo la convicción de que en muy poco tiempo la priorización del enriquecimiento individual sobre la sostenibilidad del medio ambiente será considerada no solo una aberración ética, sino fundamentalmente una acción absurda y contraria a los más básicos principios del ser humano. Poner en riesgo el futuro de tus descendientes para vivir un poco mejor en la actualidad es una aberración se mire por donde se mire, es casi como quitarle un riñón a tu nieto para ponértelo tú con 90 años ¿Por qué no somos capaces de verlo? Lo desconozco. Quizá sea la cultura social que hemos comentado antes, y entonces debe ser urgentemente modificada, o quizá sea un engaño genético, un “gen egoísta” que quizá sirvió para sobrevivir en su momento pero que ahora es contraproducente, y entonces lo que debemos hacer es conseguir mejorar nuestras acciones en base al conocimiento.

En determinado número de años, en 50, 300 o 1.000, el capitalismo desaparecerá y dará lugar a una nueva forma de organización económica. Las doctrinas de Adam Smith o las de Karl Marx serán estudiadas como mera historia y no como guías para aplicarlas a una sociedad que nada tendrá que ver con la sociedad que éstos describieron. La monarquía, los parlamentos y las constituciones llegará un momento que desaparezcan y nuestros actuales estados también, y no habrán españoles, norteamericanos o japoneses sino otras organizaciones territoriales y sociales distintas. Nuestros descendientes de aquí a 50 generaciones no hablarán nuestro idioma, no sabrán lo que es el fútbol ni tendrán un plan de pensiones.
Pero en Chernobyl seguirá habiendo radiación durante 300,000 años, las zonas desertificadas no volverán a ser fértiles en decenas de miles de años, los combustibles fósiles tardarán miles de años en volver a formarse una vez agotados, etc. Cuando cualquiera de los parámetros o instituciones políticas actuales no sean más que un recuerdo del pasado los efectos de la destrucción del medio ambiente afectarán a los seres humanos de esa época futura y quizá pondrán en riesgo su supervivencia.

No pretendo enfocar el ecologismo no es una religión ni algo “totalizador” y los ecologistas pueden estar equivocados en muchas cosas, pero me parece que sus objetivos son más elevados y más trascendentes que cualquiera de los parámetros políticos meramente coyunturales (en tiempo histórico) en los que se basa el debate político. Y obviamente éstos son muy importantes para mejorar nuestro presente y nuestro futuro cercano, pero lo que no podemos es condicionar el futuro de nuestros descendientes por eso. Eso es algo sencillamente inaceptable porque nuestra razón de ser fundamental, si es que tenemos una, es perdurar como especie.

lunes, 2 de mayo de 2016

Todos fueron culpables














Por mucho que le dé vueltas no puedo llegar a otra conclusión: No hay una razón de peso suficiente para que el parlamento nacido de las elecciones del 20-D no haya sido capaz de investir un gobierno. Había numerosas combinaciones para hacer gobiernos con mayorías parlamentarias sólidas o en minoría, y hay suficientes coincidencias programáticas entre las distintas fuerzas para poder pactar un acuerdo de gobierno. Si no se ha llegado a un acuerdo es sencillamente porque a los partidos no les ha dado la gana llegar, no hay más.
Lo peor de todo es que esto no ha sido producto de uno o dos partidos bloqueadores, sino que todos los partidos (al menos los cuatro principales) han bloqueado y vetado de alguna manera el pacto:

  • El PP ha bloqueado el pacto porque se ha negado a aceptar nada que no fuese la presidencia de Rajoy. Se negó a negociar cualquier opción que estuviese basada en el pacto PSOE-C´s y tampoco aceptó la posibilidad de que el candidato a presidente de gobierno fuese alguien distinto a Rajoy (algo que hubiese facilitado la negociación con C’s).
  • El PSOE ha bloqueado el pacto porque se ha negado a pactar con el PP. El resultado de las elecciones del 20-D indicó que la opción parlamentaria más sólida para apoyar un gobierno era el pacto PP-PSOE, ya que el resto de combinaciones obligaban a un multipartidismo difícil de gestionar. El PSOE se ha negado por activa y por pasiva a pactar nada con el PP, cuando la realidad es que existen bases suficientes para un acuerdo.
  • Podemos ha bloqueado el pacto por su veto a C’s, partido con el que comparten suficientes medidas de regeneración democrática para hacer un gobierno en base a eso e incluso con el que podían haber llegado a un acuerdo en medidas de urgencia social.
  • C’s ha bloqueado el pacto por su veto a Podemos, partido al que han tratado como si fuese el mismísimo demonio. 


El lector podrá considerar que alguno de los vetos está justificado. Habrá quien piense que al PP hay que apartarlo del poder como sea y otros que hay que aislar a Podemos, a C’s o a quien sea. Ese planteamiento, que obviamente es discutible, tendría sentido si consideras que te encuentras ante una amenaza enorme, ante algo que debe ser evitado a toda cosa. Por ejemplo, si en España hubiese un partido nazi, bloquearlo y evitar que llegase al poder sería algo razonable.
Pero entonces eso obligaría a pactos con los adversarios más encarnizados. Si Podemos necesitase pactar con el PP para evitar q un partido nazi llegase al gobierno debería hacerlo, si el PP quisiese parar a un partido “juche” y necesitase a Podemos, debería hacer lo imposible para pactar con él. La necesidad de vetar a alguien por malvado, corrupto o peligroso lleva inexorablemente a tener que pactar con el resto de actores para evitar el mal mayor.
Pero lo que han hecho nuestros partidos no es eso, lo que han hecho son vetos por todos los lados. A Albert Rivera se le llena la boca hablando de pactos y de ceder y al mismo tiempo habla de Podemos como si fuese el apocalipsis hecho partido. Y lo inaceptable es que plantea ese apocalipsis pero, a la vez, bloquea a Rajoy. Lo mismo hace el PSOE bloqueando al PP y los independentistas, y también Podemos, que habla de sacar del poder al PP a toda costa pero bloquea también el pacto PSOE-C´s (y del PP ni hablo, que por bloquear está bloqueando al congreso mismo). Esto demuestra que, al final, estos vetos, odios e incompatibilidades no son más que un paripé partidista y una cuestión meramente estratégica.
Insisto, los partidos no pactan porque no les da la gana, no pactan por estrategia de partido, no pactan porque creen que el pacto con el adversario les debilitará y dañará en posteriores citas electorales. Esa es la explicación, y no digo que corporativamente no tenga sentido, pero yo soy un ciudadano y no el cuadro de un partido, y a mí me importa un bledo que le pase a los partidos. Los partidos no son mi medio de vida, ni mi iglesia ni mi Fe, los partidos son vehículos para llevar a cabo políticas y por tanto para el ciudadano deben ser instrumentales.

En el fondo lo que está pasando es un desprecio de los partidos a los ciudadanos. Los ciudadanos ya han votado, han expresado unas preferencias que han desembocado en un reparto parlamentario y la obligación de los electos es gobernar el país en base a esa distribución. Insisto, había varias alternativas para investir a un gobierno, había varios ejes mayoritarios que podían haber recabado apoyo suficiente en el nuevo congreso y no había ninguna incompatibilidad real que impidiese eso.
Devolver la pelota a los ciudadanos no es un fracaso, es peor, es la reversión de los papeles en una democracia, es básicamente que los partidos digan a los ciudadanos que lo que han votado no sirve, que voten otra vez y les den algo más facilito y que no les suponga esfuerzos ni riesgos. Y eso es un comportamiento indigno e inaceptable ¿Qué demonios se han creído estos partidos? Son ellos quienes tienen que responder ante el mandato de las urnas, no nosotros quienes tenemos que darles en problema solucionado y a su gusto.

Habrá que reflexionar muy bien lo que ha pasado y qué hacer a partir de ahora. A mí se me hace muy difícil votar a partidos que han preferido no salir de su zona de confort a cumplir su obligación democrática. Pero claro, tampoco puedes desentenderte de la gobernación del país porque acabarás beneficiando a otros tan irresponsables como los unos.
Como decía el profesor Jose Luis Ferreira me entran ganas de hacer campaña para que todos votemos de nuevo lo mismo que se votó el 20-D. Que se jodan y que busquen la solución, que es su obligación…No, no me hagáis caso, hablo con el corazón no con la cabeza…En los próximos días habrá que analizar muy bien cuál es la situación y el escenario y tomar una decisión al respecto, aunque por ganas de mandarlos a todos a freír espárragos no será.