La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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viernes, 10 de junio de 2016

Cuatro limitaciones para un cambio profundo















Hace unas semanas estuve tomando una cerveza con un amigo simpatizante de Podemos y del resto de los partidos de izquierda (Compromís, IU, etc.). Acababa de aprobarse el decreto de convocatoria de nuevas elecciones y mi interlocutor y yo teníamos diferentes opiniones sobre la repetición de elecciones. Para mi representan un fracaso, un desprecio de los partidos a la voluntad popular emanada de las urnas y la culminación de un tacticismo político inaceptable. Él, en cambio, estaba “contento”, más que nada porque veía que con la unión con IU por fin iban a superar al PSOE y a poner el país en camino de un “cambio de verdad”.
La conversación evolucionó desde ese punto y tuvo muchas derivadas. Yo opuse, por ejemplo, una cuestión de urgencia, dije que no me parecía serio como ciertos partidos de izquierda tienen esa perspectiva largoplacista para llegar al poder, siendo cada elección o legislatura un paso para llegar a él. La gente tiene urgencias reales y no puede esperar 4, 8 o 20 años a que se den las “condiciones objetivas” para llegar al poder. Pero mi argumento central, y es del que quiero hablar hoy, era que las posibilidades de cambio real que tiene Podemos o la izquierda en el poder son muy limitadas precisamente porque no existen unas “condiciones objetivas” pero, en este caso, de carácter estructural, económico e internacional.

Mi argumento fue que existen cuatro barreras o limitaciones que impiden un cambio profundo de políticas en un sentido igualitarista y redistributivo. Imaginemos a un gobernante de izquierdas que gana unas elecciones, llamémosle Pablo Iglesias, y que se enfrenta a la gobernación del estado. Él tiene un programa redistributivo, igualitarista y quiere llevarlo a cabo, pero ¿puede hacerlo? No, no puede, al menos no como a él le gustaría, porque se va a enfrentar a estas cuatro limitaciones:


Primera limitación: Tener el gobierno no es tener el poder

Esta frase está literalmente tomada de Pablo Iglesias, pues es una frase que él usa mucho. Cuando un gobernante llega al poder existen una serie de estructuras y contrapoderes sociales que el gobernante no puede ignorar y con los que siempre tiene que transaccionar. Las estructuras de la administración pública, los lobbies, las empresas, los sindicatos, etc. Todos ellos son estructuras a las que hay que escuchar y que van a rebajar tus propuestas sean cuales fueren. Un gobernante no puede ignorar eso porque lo importante para gobernar no es mandar, lo importante es que te obedezcan, y si aplicas políticas sin negociar con nadie sólo te vas a encontrar boicots, leyes ignoradas, etc. Creo que era Napoleón quien decía que la mejor manera de que no se cumpla una ley era haciéndola demasiado estricta.

Segunda limitación: Tus aliados políticos

En una situación como la española, donde las mayorías absolutas se han acabado, cualquiera de los necesarios pactos llevará a que haya que ceder en cosas del programa electoral. En el caso español es evidente que Podemos va a necesitar al PSOE si quiere gobernar, y un gobierno apoyado en esa alianza tendrá sin duda que rebajar sus propósitos reformistas y redistributivos.
Y ni siquiera hace falta que tengas que pactar con otro partido para esta rebaja o modulación. Dentro de los propios partidos hay familias, sensibilidades y al final hay cosas que se acaban suavizando para no desgarrar al partido. Y esto sería especialmente intenso en un caso como Unidos Podemos, que tiene distintos partidos en su seno (Podemos, IU, EQUO, Compromís, En Comú, ANOVA, etc).

Tercera limitación: La Unión Europea

La pertenencia a la Unión Europea (y a la unión monetaria) supone multitud de limitaciones en todos los ámbitos. Hay directivas que cumplir, no se tiene política monetaria, hay pactos fiscales, etc. La soberanía de un país dentro de la UE es limitada y la situación es bastante peor si se trata de un país deudor que depende del BCE. Desde Podemos se repite mucho el mantra de que España no es Grecia” y eso es parcialmente cierto pero también parcialmente falso.
El fracaso de Tsipras intentando forzar una solución heterodoxa nos muestra hasta qué punto un gobierno europeo está limitado si no tiene en beneplácito de las instituciones europeas. Es verdad que España es más importante y fuerte que Grecia, pero también es verdad que Grecia tenía todavía más urgencia y motivos para romper con el programa europeo y las instituciones no atendieron a razones. Eso no quiere decir que no se pueda hacer nada, un gobierno con una alternativa distinta puede buscar aliados dentro de la UE, intentar forzar acuerdos, etc. Pero la vía unilateral de hacer las cosas es casi imposible a no ser que aceptes salir de la unión monetaria y la eurozona, pero esto tendría enormes consecuencias y ahí enlazo con el cuarto punto.

Cuarta limitación: La globalización

Hay una realidad que no podemos obviar: Vivimos en la era de la globalización desde hace muchos años, globalización que ha producido una serie de estructuras y relaciones económicas que es muy complicado romper. Existió hace décadas un viejo debate sobre si era posible el socialismo en un solo país, porque evidentemente excepto los países muy grandes todos los demás eran dependientes de sus relaciones comerciales y de productos y servicios del exterior. Pues bien, después de décadas de deslocalización industrial y especialización, de políticas agrarias supranacionales, de necesidad de adquirir productos y materias primas fabricadas en otros países, etc. La situación es todavía mucho más difícil e interdependiente.
Un país no puede ser autárquico, no puede desligarse de las reglas internacionales y por eso hay muchas dependencias y limitaciones reales a la hora de realizar políticas económicas y comerciales. El capital y la producción de muchas cosas está deslocalizada y eso debe ser tenido en cuenta a la hora de realizar políticas, que deben ser pragmáticas. De hecho hay un debate que deberemos plantear alguna vez ¿Cuál es el límite de las políticas redistributivas e igualitaristas en un estado-nación? ¿Puede un país como España hacer un cambio profundo? ¿O solo grandes bloques como EEUU. China o la UE tienen capacidad y fuerza suficiente para crear cambios políticos profundos? La respuesta a estas preguntas es esencial.


La existencia de estas cuatro limitaciones lo que nos muestra es una dura realidad. Yo le planteé a mi interlocutor qué hubiese pasado si hubiese sido investido un gobierno del PSOE con Podemos, y mi conclusión fue que ante esta realidad los hipotéticos ministros de Podemos no hubiesen podido hacer grandes cambios y por tanto hubiesen acabado decepcionando a quienes, como mi amigo, tienen esperanzas en grandes cambios. ¿Realmente a Podemos le interesa gobernar en estas condiciones? Pues aunque el poder es goloso y siempre se pueden hacer cosas, reconozcamos que hay un riesgo inherente a tener el poder, que es acabar pareciéndote a tus antecesores mucho más de lo que desearías, como le ha pasado a Tsipras.

No intento hacer cundir el pesimismo, simplemente creo que hay que ser realista y entender la enorme complejidad del mundo en el que nos movemos. Siempre se pueden hacer cosas, mejorar la vida de sectores, cortar los abusos, hacer un país más justo, pero que nadie crea que puede haber una revolución o un cambio radical porque sencillamente las condiciones no lo permiten. Se pudo hacer un gran cambio en 2008 después del colapso de Lehman Brothers, hubiese sido el momento de aplicar unas nuevas teorías y marcos para las relaciones económicas internacionales, pero no había una alternativa solvente ni el sustrato cultural necesario para hacer ese cambio y se perdió la oportunidad.
Ahora tenemos estados-nación débiles, dependientes, limitados y endeudados. Los límites son estrechos y el superarlos puede hacer más daño que beneficio, y creo que esto lo saben perfectamente los políticos de izquierdas, aunque quizá no sus votantes. La izquierda peca de voluntarismo e infantilismo muchas veces y suele creer que todo depende de “voluntad política”, cuando no es así.
Los cambios profundos vendrán de un cambio de mentalidad, de un cambio cultural y de alianzas internacionales o de las grandes naciones. Mientras tanto la aspiración debe ser reformas, mejoras y lucha contra las injusticias, porque es la aspiración realista. No levantemos expectativas enormes que no se van a poder cumplir porque sólo se provocará decepción.

martes, 7 de junio de 2016

¿Está comenzando el declive de C's?















En el debate del pasado domingo en La Sexta entre Pablo Iglesias y Albert Rivera se vio a este último extremadamente agresivo con el líder de Podemos. No se esperaba un debate tan suave como el de hace unos meses, pero Rivera comenzó a atacar desde el primer minuto (de hecho avisó antes de empezar que el tono no sería el mismo) y convirtió el debate en una lucha en el fango, lugar en el que Iglesias cómodamente acabó entrando.
Albert Rivera no me parece bueno en los debates. Siempre está muy nervioso, con el ceño fruncido y la mirada huidiza, y cuando le aprietan o algo no sale como a él le gustaría hace aspavientos y se enfada. Pero lo de ese debate iba más allá, era una estrategia premeditada de ataque al hombre de paja, lleno de eslóganes y lugares comunes (comunismo, Venezuela, fábrica de paro, quieren acabar con todo, etc). Entre la agresividad en las formas y un discurso que no era propositivo sino mero aviso del apocalipsis podemita, Rivera se derrotó él sólo en el debate e intuyo que con daño para su imagen.

Creo que la agresividad de Rivera en el debate no fue casual, sino más bien producto de un candidato no ve buenas perspectivas e intenta apostarlo todo a una última carta. En un debate electoral, cuando los dos candidatos están muy lejos el uno del otro, el candidato que va detrás siempre es agresivo, faltón e intenta recurrir al miedo o se focaliza en hundir al rival, mientras el candidato que va delante siempre es mucho más calculador, suave y evasivo. Son roles normales que se han visto mil veces, y de hecho la actitud de los candidatos nos descubre en qué situación se ven a sí mismos o a su partido.
Albert Rivera debe saber que las perspectivas para su partido no son halagüeñas. C's es un partido al que demoscópicamente le va muy bien pero, a la hora de la verdad, las cosas le van bastante peor. Excepto en las elecciones catalanas siempre ha sido así y parece que su sobreestimación es producto de su poco rechazo y de cierto voto oculto de gente que va a votar al PP. Pues bien, acostumbrado a nadar por encima del 17 o el 18% en las encuestas, parece que ahora está sobre el 15%, lo que indica que, o las agencias demoscópicas han aprendido a corregir su sobreestimación o bien el resultado que va a obtener estará por debajo del 20-D.
Y tiene pinta de ser lo segundo. C's sigue una tendencia decreciente en las encuestas y, además, por primera vez se comienza a ver a Rivera con valoración negativa en las mismas. La causa será que la sea (polarización, pacto con el PSOE, errores de C's) pero la realidad apunta en esa dirección.

Rivera comienza a mostrar, además, ciertos “fondos” bastante inquietantes, como si no fuese ese hombre inteligente que se presuponía sino un político con carencias. Como en política todo es muy artificial quizá lo único que pasa es que Rivera se hace el tonto y/o asume ciertos conceptos populares a sabiendas que son falsos, pero la verdad es que me comienza a transmitir que es una persona con más carencias de lo que pensaba.
En el debate, sus referencias al “comunismo chino” eran absurdas e incomprensibles, pero sobre todo me hizo mucha gracia cuando hablaba de su viaje a Venezuela y decía “yo he estado allí y lo he visto”, como si fuese una autoridad por su viaje, cuando la realidad es que Albert ha visto lo que la oposición venezolana, su anfitriona, ha querido que vea. El viaje a Venezuela de Rivera ha sido, salvando las distancias, como esos que organiza el gobierno de Corea del Norte en los que enseña a los turistas lo que ellos quieren transmitir al exterior. Rivera ha visto en Venezuela las cosas que la oposición le ha enseñado, ha hablado con aquellos con quienes sus anfitriones querían que hablase, etc. Ojo, que no quiere decir que no sea cierto lo que vio, pero irte a un tour político preparado y pensar que has visto toda la realidad de un país es un poco absurdo.
Cuando escuchaba a Rivera me acordaba de tantos políticos de izquierdas que han ido a Venezuela durante la última década invitados por el chavismo. Los miembros del gobierno venezolano les llevaban a ver las misiones de vivienda, hablaban con personas que les decían que no habían visto un médico en su vida hasta que Chávez llegó al poder, paseaban por las partes más nuevas y relucientes de las diferentes ciudades venezolanas, etc. Claro, esos políticos llegaban a España pensando que el gobierno de Chávez era una maravilla, que estaba mejorando enormemente la vida de los necesitados y lo defendían con vehemencia, cuando les faltaba por ver la otra cara de la realidad y comprender multitud de situaciones y conflictos que no se entienden con un viaje promocionado por una parte.

C’s ha podido serlo todo en este país, pero no ha sabido o no ha querido serlo. Ante un PP hundido y enfangado por los casos de corrupción podía haberle disputado la hegemonía del centro-derecha, siendo una derecha más moderna, “liberal” y joven. De hecho en las zonas urbanas y entre las personas más jóvenes (de menos de 45 o 50 años) este desplazamiento se ha visto claramente y C’s ha acaparado las simpatías de toda esa juventud y de esas clases profesionales “moderadas” gracias a su perfil más moderno.
Pero desde las elecciones catalanas C’s ha cometido error tras error. Durante la campaña del 20-D pareció como si le pudiese la presión de verse tan arriba en las encuestas (yo creo que se creían que podían quedar segunda fuerza) y cometieron errores comunicacionales, quizá por falta de ambición. C’s pareció conformarse con ser un partido bisagra, y eso evidentemente es incompatible con la aspiración de ser hegemónico en el centro-derecha.
Su propuesta después del 20-D (querer algún tipo de pacto entre PP, PSOE y C’s) era absurda y dañina para ellos. Si hubiese habido un pacto entre PP y PSOE, C’s no hubiese servido para nada, ni siquiera para imponer reformas que los demás rechazasen como se han empeñado en vender (El PP y el PSOE no necesitaban a C’s para nada ¿para qué iban a hacerlo?). El único aliciente que hubiesen podido tener PP y el PSOE para pactar con C’s era evitar que éste creciese en la oposición ante su desgaste en el gobierno, y dejar así a Podemos solo en la oposición confiando en que ese partido nunca pudiese conseguir la mayoría. El pacto a tres era una estupidez que hubiese hundido a C’s ¿os imaginas a los liberales en Alemania entrando en una gran coalición SPD-CDU en la que fuesen innecesarios? Obviamente no, porque hubiese sido absurdo, un suicidio político y lo único que hubiese generado es sensación de urgencia y crisis absoluta (que es lo único que justifica un gobierno de concentración semejante).
Con el resultado que hubo y aun aceptando ser un partido bisagra, la posición lógica de C’s hubiese sido incitar a PP y PSOE a pactar entre ellos y quedarse en la oposición. Pactar con el PSOE y esperar el beneplácito del PP era ridículo, jamás un primer partido ha apoyado un gobierno del segundo y el cuarto en el que no tengan ministros, como es lógico. El pacto PSOE-C’s sólo tenía sentido si era apoyado o aceptado por Podemos, como quería el PSOE, pero C’s se ha negado a nada que tuviese la presencia o aportación de Podemos, sólo aceptaba el apoyo incondicional del mismo, algo muy difícil por no decir imposible.
Todo lo que ha hecho C’s desde hace meses les ha perjudicado. O se es un partido bisagra o se intenta ser hegemónico, pero no se puede ser un partido-pegamento de partidos mayoritarios. Se puede y se debe ceder por el bien del país, pero no se puede hablar de pactos y diálogo y a la vez estar satanizando al 75% de los actores políticos (Podemos, nacionalistas, independentistas, Compromís, IU y a Rajoy).

En mi opinión hay algo inherente a C’s que ha impedido un mayor crecimiento y que amenaza ahora a su posición conseguida, y es que es un partido basado en una posición anti-. C’s es un partido anti-nacionalismo catalán en origen, y en su extensión por todo el país no ha sabido suavizar esa posición anti-, al revés, la ha extendido a más enemigos. Ahora mismo no es sólo un partido anti-nacionalismo catalán, es fundamentalmente un partido anti-Podemos y lo peor es que se jacta de serlo. Y los partidos anti- pueden funcionar cuando se enfrenta a un adversario hegemónico (como el nacionalismo en Cataluña o los partidos tradicionales a nivel español), pero ser anti- de un partido nuevo y que va contra el statu quo es una posición absurda. El anti-“partido anti-statu quo” es el statu quo mismo, no puede serlo un nuevo actor. No entender esto y pretender ser el partido anti-Podemos es un camino seguro al fracaso.
Quizá en C’s echen la culpa de las relativamente malas expectativas a la polarización PP-Podemos, que obviamente les perjudica, pero también es verdad que ha habido multitud de casos de corrupción en el PP y no los están sabiendo capitalizar. Algo falla con C’s, con Rivera, con su mensaje y su posición en el escenario político, y si no lo entienden me temo que van a salir del 26-J con peor resultado que el 20-D. Y ojo, que tienen muchos diputados cogidos por los pelos, y a poco importante que sea la bajada pueden perder el 25 o el 50% del grupo parlamentario.