La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 29 de agosto de 2016

Análisis del pacto PP-C's ¿Papel mojado?














Como parecía previsible desde que C’s cambió su posición de No a Rajoy a estar abierto a una negociación, C’s y el PP han llegado a un acuerdo de investidura por el que el primero apoyará a Mariano Rajoy en su investidura a cambio de 150 medidas pactadas en este documento. Digo que era previsible porque C’s ya pacto algo similar con el PSOE y, teniendo el partido naranja una mayoría de pactos locales y autonómicos con el PP, era lógico que alcanzase un pacto similar con este; y por otro lado porque sabemos que en C’s tienen pánico a unas nuevas elecciones que les puede minimizar aún más.

Cuando el PP aceptó sin rechistar las 6 (+1) condiciones de C’s para comenzar a negociar me sorprendió mucho. Eran condiciones algunas difíciles para el PP, otras coloristas sin demasiado fundamento, pero el PP no hizo cambiar prácticamente nada de las mismas. Ahora, y leyendo las 150 medidas pactadas entre PP y C’s, tengo la misma sensación: Parece que este documento está muy marcado por C’s, tanto en la dialéctica como en los contenidos, generando la aparente contradicción de que el más débil y pequeño de los dos partidos ha sido el que más ha influenciado en lo pactado.
El documento del pacto es como todos los programas y documentos políticos, cuando lo lees por encima todo parece bueno y destinado a solucionar los problemas del país, de hecho todos los programas de los partidos políticos se parecen mucho entre sí hasta el punto de encontrar asombrosas coincidencias entre partidos presuntamente antagónicos. Pero cuando rascas un poco ves que los “compromisos” son más bien “intenciones” y a veces muy vagas, se abusa de términos como “impulsaremos”, “promocionaremos”, “buscaremos”, términos que comprometen poco y que pueden acabar siendo nada. Este documento tiene exactamente ese mismo defecto.

Entre las 150 medidas hay cosas que parecen muy buenas. Por ejemplo, se habla de acercar los tipos reales del impuesto de sociedades a los nominales con el objetivo de aumentar la recaudación, y se indica también de aprobar esto en tres meses (concreción poco habitual en este documento). También se habla de revisar la amnistía fiscal, de eliminar las restricciones al autoconsumo eléctrico, aumentar la inversión en I+D+i hasta el 2% en 2020, incentivar el crecimiento de las Pymes o bonificar la cuota de autónomos a las madres en su baja por maternidad. Otras tres cosas positivas, que tienen dotación presupuestaria, es la ampliación de escuelas infantiles públicas de 0 a 3 años, el plan de gratuidad de los libros de texto y la “ampliación y equiparación de permisos de maternidad y paternidad”, que al tener dotación presupuestaria es de suponer que no se equiparará a la baja sino al alza.
Hay otras cosas que también suenan bien pero están redactadas de forma poco concreta, lo que hace dudar de qué efectividad tendrán. Se habla, por ejemplo, de reformar la ley de seguridad ciudadana en el sentido de “intensificar las garantías”, de mejorar la ley de contratación del sector público para evitar casos de corrupción, de mejorar la conciliación y racionalización de horarios laborales o la ley de segunda oportunidad para renegociar deudas impagables, con mención directa a la dación en pago en ciertas circunstancias.

Mención aparte merecen dos puntos, los modelos de contrato laboral y el complemento salarial. En cuanto a los modelos de contrato laboral el documento prevé que se queden en tres, uno indefinido (igual que ahora), otro de “protección creciente” de dos años máximo de duración aunque ampliable a tres (que sustituiría al temporal actual) y otro de formación. Básicamente lo que se pretende es sustituir el contrato temporal por el de “protección creciente”, que difiere de éste en que la indemnización de 12 días por años se convierte en 16 el segundo año y en 20 el tercero, todo esto para finalización de contrato porque si es finalización por causas objetivas se quedará en 12 días (entiendo que el documento comete un error, y dice que si es por “despido improcedente, la indemnización seguirá siendo la misma que en la actualidad”. Creo que quería decir procedente en vez de improcedente).
En principio esto parece un avance en la protección del trabajador temporal, porque el indefinido queda igual y el temporal mejora en segundo y el posible tercer año, aunque esto tiene otra cara, que dice que si el contrato de “protección creciente” se convierte en indefinido, el empleador tendrá una exención de 500€/mes en la base de cotización durante 4 años. Obviamente esto produciría que todos los contratos empiecen como temporales y, ante su conversión, restaría importantes ingresos a la seguridad social. Este coste, por cierto, no se contempla como bajada de ingresos en la mini memoria económica que anexa el acuerdo, memoria económica que, por otro lado, es de todo menos creíble.
Al final volvemos a lo mismo de siempre con el Contrato Único. Por mucho que el programa hable de un “bonus-malus” inconcreto, parece lógico que ante esta estructura quien quiera contratar temporal lo haga con contratos de 1 año y rescisión posterior. O a lo mejor les interesa contratar 6 meses temporales, pasar a indefinido 4 años, ahorrarse la cuota, y luego pagar un despido de 132 días a los 4 años (que es menos de lo que se han ahorrado). Al final todas estas “garicanadas” creo que no valen para nada, es buscar un sistema de incentivos que sólo funciona sobre el papel y que, cuando llega la realidad, acaba haciendo aguas por todas partes.

Respecto al complemento salarial éste queda inconcreto, aunque se valora en 2.100 millones de euros. Esto es la cuarta parte (o menos) de lo que costaba este complemento en el programa original de C’s, así que no sabemos si se limitará el número de receptores, las cantidades o ambas. Me resulta muy raro que se dediquen escasas tres líneas al complemento salarial cuando es una de las medidas estrellas de C’s, aunque intuyo que la razón debe ser que el PP no se ha querido comprometer a nada.
El complemento salarial es algo que no sabemos cómo afectaría al mercado laboral español, pero si no se hace bien puede suponer la creación de un tapón salarial y una subvención encubierta a los salarios que pagan las empresas, sobre todo en entornos de alto desempleo como el nuestro. En descargo de esta hipótesis pesimista, un complemento salarial con una dotación de la cuarta o quinta parte del original poco va a ser y, por tanto, no creo que afecte demasiado, ni en sus vertientes positivas ni en sus negativas.
También se hace una referencia al sistema de “mochila austriaca”, también sin concreción. El programa original de C’s hablaba de una mochila del 1% del sueldo, que es una cantidad ridícula, pero aquí no se dice nada. Por lógica de cesión no será más que esto, así que en nada relevante quedará.

Pero el pacto recoge también cosas inquietantes. Ya hemos visto estas idas y venidas sobre la corrupción que ha tenido el equipo de C’s estos días, llegando a la increíble situación de considerar sólo corrupción política lo que implique enriquecimiento personal o financiación ilegal. Así pues todo lo referente a la corrupción, por agradable de leer que sea, creo que hay que cogerlo con pinzas, pues si al final la lucha contra la corrupción se basa en la interpretación subjetiva de lo que es corrupción por parte del partido que más corrupción tiene, me temo que todo quedará en nada. Incluso algo que me suena muy bien como la “ley de protección a denunciantes de corrupción” temo que no sea más que palabras vacías.
Otra cosa muy peligrosa y absolutamente chocante que vemos en el texto es la reforma del régimen electoral, que era una de las seis peticiones iniciales de C’s. La redacción no compromete a nada, simplemente se habla de “impulsar” una reforma que “aborde” ciertas cuestiones (como si el “abordaje” quisiese decir algo). Pero lo peor es que, entre las cosas que tiene que “abordar”, no está solo la proporcionalidad o el desbloqueo de listas, está también algo absolutamente anti-proporcional como la elección directa de alcaldes. Pero no solo eso, es que además se indica que el PP se reserva la posibilidad de presentar iniciativas para “garantizar que gobierne la lista más votada”.
O sea, que pides una condición sine qua non que es la reforma de la ley electoral en sentido proporcional, pero luego en el texto del acuerdo no es ya que esto no aparezca ¡Es que dejas al PP que pretenda reformar la ley para que gobierne la lista más votada!, es decir, en sentido anti proporcional. ¿Qué cachondeo es este? Es directamente romper con una de las condiciones pactadas hace una semana. Me resulta una tomadura de pelo.
Otra cosa que veo inquietante es la elección de 12 de los 20 miembros del CGPJ por parte de los jueces. Creo que la intención de que los partidos no controlen a los jueces para garantizar la separación de poderes es noble, pero dejar que los jueces tengan poder para gobernarse a sí mismos más que separación de poderes podría propiciar que éstos queden fuera del control democrático. Como el sistema de votación de los jueces no está claro (¿tendrán presencia las minorías?) es difícil analizar nada, pero si el sistema de votación no da representatividad a las distintas corrientes y sensibilidades judiciales nos podemos encontrar con un problema.

Lo demás son todo ambigüedades del estilo “se impulsará” y “se hará una comisión” (hay un chiste que dice que cuando los políticos no quieren hacer nada forman una comisión). El texto habla de muchas cosas pero concreta pocas, como muchas requieren una reforma constitucional o leyes orgánicas (y los firmantes no tienen mayoría para sacarlas adelante) sólo se habla de impulsar, buscar consensos o analizar, que al final no comprometen a nada y permite a los firmantes hacer luego lo que les dé la gana.
Ah! Y una cosa que me ha sido muy llamativa: Las dos peticiones de C’s respecto a la iglesia católica, que ésta pague el IBI y que la religión se imparta fuera del horario escolar, están virtualmente desaparecidas del pacto ¿Llegó acaso C’s a intentar incluirlas? Lo ignoro.

Al final tengo la sensación de que el PP ha firmado un documento que recoge casi todas las demandas tradicionales de C’s pero redactadas de tal forma que no compromete al PP a nada en la mayoría de casos. Y si a esto le sumas que los programas electorales no se suelen cumplir casi nunca en su parte más concreta (y esto al final es como un programa electoral), y que los firmantes no tienen mayoría para hacer la mayoría de cosas, acabamos concluyendo que de lo escrito en el programa sobre todos los “topics” de C’s acabaremos viendo realizado entre poco y nada.
Seamos serios ¿qué garantía tenemos de que el PP cumpla este pacto? Es decir ¿dónde están las garantías e incentivos que permitan intuir que el PP no se desdecirá del mismo? Porque una semana después de las seis condiciones, vemos que una (la de la dimisión de los imputados) está reinterpretada y la otra (la de la reforma electoral) se ha convertido casi en lo contrario ¿Cómo sabemos que esta colección de ambigüedades e intenciones no acabará en nada? Sólo podemos confiar en que el PP tenga a bien cumplirlas, y recuerdo que hablamos del partido que hizo lo contrario en el gobierno de lo indicado en su programa.
Muchos diréis que el incentivo para cumplirlas es que C’s si no votará en contra de sus propuestas, pero es que C’s no ha garantizado que vaya a votar nada fuera de la investidura. C’s va a votar lo que le dé la gana y el PP también, porque este pacto no recoge compromisos que sean contrarios a las ideas de C’s y éste se haya comprometido a cumplir. Es decir, C’s no ha tenido que comprometerse a apoyar cosas que vayan en contra de sus ideas (más allá de apoyar a Rajoy) ni tiene compromisos de no impulsar cosas que no estén en este programa. Esto es lo “curioso” del pacto, que parece que sólo obliga al PP y no a C’s, cuyas máximas cesiones han sido suavizar ciertas cosas ¿No resulta raro?

Mirad, el problema aquí es que C’s va a votar a favor de Rajoy pero, en el fondo, no tiene “fuerza” para poder exigir que sus medidas vayan a ser llevadas a cabo. Si C’s hubiese hecho un pacto de gobierno y tuviese ministros o directores generales sabría que éstos van a trabajar por su programa, van a hacer proyectos de ley conforme a las ideas de C’s y que éstos al menos intentarían salir adelante. Pero no los tiene, todo el gobierno va a ser decidido por el PP y presuntamente con gente del PP, y así poco vas a poder garantizar. Cualquiera de las reformas puede ser reinterpretada, o dilatada o dejada de lado con la excusa de que no hay mayoría suficiente, y C’s poco podrá hacer.
Porque lo único que podría hacer es amenazar al PP con una moción de censura si no cumple el pacto, pero es que resulta que para una moción de censura C’s tendría que apoyar un candidato que también tendría que apoyar Podemos, y C’s ya se ha declarado incompatible con Podemos y ha dicho que nunca van a llegar a pactos de gobierno con ellos. Así pues la moción de censura está descartada (a no ser que C’s cambie de convicción), y por tanto a Rajoy no le va a sacar nadie del gobierno hasta que se acabe la legislatura o él quiera.
Al final queda la sensación que el PP le ha firmado a C’s lo que éste ha querido pero intentando que fuese lo menos concreto y comprometedor posible, con el único objetivo de ser investido. Y luego ya veremos, sin compromisos ineludibles. Y sí, C’s podría boicotear en el parlamento la labor legislativa del PP si éste no cumple, pero debemos recordar que estamos ante un presidente que lleva un año en funciones tan ricamente y que convierte el término “conservador” en una caricatura del mismo ¿de verdad pensáis que sería preocupante o angustioso para Rajoy no poder legislar? Total, aquí los votos que importan son los del PSOE, que es quien tiene la clave de las mayorías, no los de C’s.

A mí me encantaría que las medidas que he indicado en el tercer párrafo se llevasen a cabo, pero tengo la sensación que muy poco de esto vamos a ver al final. Este pacto, redactado ambiguamente y sin compromisos claros, sin presencia de miembros de C’s en el gobierno y sin fuerza por parte de C’s para obligar al PP a cumplirlo, me parece que no es más que papel mojado, uno de tantos documentos en la política que se los lleva el viento.
Eso sí, la propaganda para C’s (después de sus cambios de posición continuos) ha sido buena y muy funcional para sus objetivos, si vamos a terceras elecciones usarán su pactismo y si Rajoy es investido y no hace nada dirán que han sido engañados. Pero aquí quien se lleva el gato al agua es Rajoy, que saca unos votos importantísimos para presionar al PSOE a cambio de un pacto que le compromete a muy poco.

domingo, 21 de agosto de 2016

El NO a Rajoy
















¿Os imagináis que la transición española a la democracia después de la muerte de Franco la hubiese dirigido Carlos Arias Navarro, el conocido como “carnicerito de Málaga” debido a su actuación como fiscal en los consejos de guerra en aquella ciudad después de su ocupación por el ejército sublevado? Obviamente hoy eso es impensable, Arias era una persona enormemente implicada en la represión que siguió al inicio de la guerra civil y un alto cargo del franquismo. Aunque hubiese tenido una verdadera conversión democrática (que no la tuvo), nunca hubiese podido liderar un proceso creíble de transformación política.
Sin embargo Suárez, también miembro del aparato franquista, sí pudo. Suárez era más joven, no había hecho la guerra civil, y siempre había ocupado puestos de segunda fila dentro del franquismo (nunca fue ministro antes de la muerte de Franco, por ejemplo). Y no era fácil que un miembro de ese establishment pudiese hacer una transición a la democracia, pero dadas las circunstancias era al menos una opción posible, como así fue.

Este caso me viene siempre a la cabeza cuando, en estos momentos de incertidumbre política, se habla de “vetos” a Rajoy o se concentra la cuestión de la investidura en una persona concreta. A mi no me gusta nada los personalismos, me parece absurdo vetar a personas, algo que normalmente tiene un trasfondo de rencillas y odios personales, pero hay ocasiones en que la persona tiene una significación especial o el momento histórico requiere símbolos para poder ser creíble, y creo que España está en un momento histórico de esa naturaleza.
Cuando el partido Ciudadanos (C's), su líder Albert Rivera u otros dirigentes hablaban del “No a Rajoy” entendía que esa negativa estaba sustentada en un análisis de este estilo. Rajoy es símbolo de un modelo de política que acabó hace un par de años y que las elecciones del 20 de diciembre (y posteriormente las de junio) certificaron, esto es, del sistema de partidos salido de la transición que se basaba en un bipartidismo imperfecto de ordeno y mando, donde las únicas limitaciones a los rodillos las ponían partidos regionales a los que se convencía con ciertas prebendas para sus autonomías.
No es sólo el sistema de partidos, este bipartidismo imperfecto ha acabado asociado a una realidad de tolerancia con la corrupción por parte de partidos y electores. Fundamentalmente el PP, pero también el PSOE o CiU, son partidos muy comprometidos por la corrupción y ese es otro factor que ha contribuido a la ruptura del bipartidismo imperfecto y, incluso para quienes no han cambiado el voto, ha generado cierta desconfianza generalizada hacia los políticos en general y hacia los “viejos” partidos en particular. Porque no nos equivoquemos, una cosa es que algunos (quizá demasiados) sigan votando a partidos infestados de corrupción, y otra es que se sostenga la negación que era asidua hace unos años.
Por todo esto era impensable que este nuevo momento político fuese presidido por Mariano Rajoy, que más allá de sus implicaciones personales en casos de corrupción (no demostradas, aunque supuestas) es que era la cabeza visible de un partido donde la corrupción campa a sus anchas y donde hasta el propio partido como entidad jurídica está manchado. Por eso el “No a Rajoy” del que hablaba Rivera tenía todo el sentido del mundo.

El cambio de posición de C's y Albert Rivera en los últimos días me tiene desconcertado y triste. Yo puedo comprenderlo todo, puedo entender que la repetición de las elecciones ha fortalecido a Mariano Rajoy y a su intransigencia por abandonar la candidatura a la presidencia, puedo entender que el PP está actuando como si prefiriese unas terceras elecciones a cualquier sacrificio con la convicción de que éstas les beneficiarían, puedo entender que C's tenga un pánico lógico a ir a unas nuevas elecciones y perder unos cuantos diputados más. Todo es comprensible.
Pero la política, y sobre todo la “nueva política”, no puede permitirse no ser valiente. No es cuestión de ser intransigente con tonterías y maximalismos absurdos, sino en ser “radical” (en el buen sentido de la palabra) en los principios que guían tu acción y existencia. El No a Rajoy no era un capricho infantil ni una rencilla absurda, era una exigencia absolutamente lógica con nuestro momento político, la imprescindible regeneración y la necesidad de transmitir al país un relato coherente de que estamos entrando en un nuevo tiempo político.
C's es un partido con vocación de bisagra, lo entiendo, y por eso me parece normal que pacte con el PSOE o con el PP indistintamente. No comparto ni creo que traiga nada bueno su odio a Podemos (y de hecho es uno de los factores por los que acabamos en unas segundas elecciones), pero lo “asumo”. Pero lo que no puedo entender ni aceptar es como convierte sus principios básicos en algo prescindible o negociable. Si una de las convicciones del partido es que la presidencia del congreso debe tenerla alguien de un partido distinto al del presidente del gobierno ¿por qué apoya a Ana Pastor para ser presidenta, cuando podía haber puesto en el cargo a un socialista? Sí, ya sé que a cambio le dieron dos puestos en la mesa ¿pero no es eso acaso priorizar sillas a ideas como pomposamente le dijeron a otros?

En los sistemas parlamentarios normales es el parlamento quien elige al presidente, que puede ser cualquier diputado o en muchos países incluso alguien que no sea diputado. Esta “norma” que quieren imponer algunos de que el presidente debe ser el candidato a la presidencia del partido más votado es una exigencia anti-parlamentaria, es exactamente reforzar las viejas costumbres contra las que se ha nacido y que el país quiere dejar atrás.
Que Mariano Rajoy se autoimponga como presidente del gobierno es algo que no se debe tolerar, porque hacerlo es fortalecer precisamente este tipo de actitudes a futuro. Si creemos que un Arias no puede llevar a cabo una transición y asumimos que el resultado electoral nos ha impuesto al PP dentro de cualquier combinación posible (no porque lo sea, sino porque la alergia mutua de Podemos y C's convierte en casi imposible cualquier opción), lo lógico era forzar al PP a prescindir de su candidato y proponer otro. No es nada extravagante, es lo que se hace en cualquier país parlamentario y, sin ir más lejos, es lo que pasó con Pedro Sanz en La Rioja, que C's se negó a apoyarlo y el PP tuvo que cambiar el candidato.
Pero C's no ha sido fuerte o leal a sus convicciones, y en un día cambiaron el “No a Rajoy” por las seis condiciones, que implícitamente asumen a Rajoy como presidente posible. Habrá quien lo interprete como una bajada de pantalones, otros como una muestra del cinismo en el discurso anterior, otros como el paso inevitable de un partido aterrorizado ante nuevas elecciones. La verdadera razón solo está en la mente de los dirigente de C's, pero el resultado es la rendición en los principios básicos de la alternativa regeneracionista.

Pensarán algunos lectores que lo que propongo llevaría a unas terceras elecciones. La verdad es que no tendría por qué. Si uno tiene la convicción de que no se le puede permitir a Rajoy situarse por delante del bienestar general, entonces las alternativas están abiertas. Igual que Rajoy no tiene por qué ser candidato tampoco tiene que serlo Sánchez o Rivera, hay muchos segundas espadas en los distintos partidos y algunos independientes que podrían ser propuestos. Rendirte (o hacer como que te rindes) a que los partidos no se van a poder poner de acuerdo porque ha habido una legislatura fallida me parece una actitud bastante perezosa. Si se tiene convicción de que se hace lo justo (no investir a Rajoy), debe tenerse valentía para intentar lo que es casi imposible.
Y si hay que ir a unas terceras elecciones, pues mirad, se va, pero no antes de dejar claro quien es el responsable de las mismas con nombre y apellidos. Déjese claro que se negociaría benévolamente con otro candidato menos implicado de ese partido, ábranse a la posibilidad de investir a un candidato independiente para una legislatura de transición con cambios de gran consenso. Pero que se haga algo, no una pasividad que condena al pasivo a ser acribillado mediáticamente para al final rendirse.

Después de tirar a la basura entre todos la legislatura del 20D ahora poco se puede hacer para prescindir del PP. C's no quiere y los independentistas están en otra cosa. Pero dentro de lo malo se puede y se debe finiquitar un tiempo político pasado y eso sólo se hará evitando que Mariano Rajoy sea presidente. En vez de poner condiciones coloristas como la limitación de mandatos, C's debía haber dejado las condiciones esenciales en sólo dos: No a Rajoy y una nueva ley electoral.
Por su parte el PSOE debería intentar alternativas a Rajoy, no quedarse quieto esperando a ser acribillado. Aunque sea por postureo debería hablar con los independentistas. Si no consigue nada (que no lo conseguirá), intentar proponerle a C's un independiente o un cargo secundario del PSOE (¿Borrell? ¿Gabilondo?) para presidente, o incluso explorar la posibilidad de alguien propuesto por ellos. Y cuando nada de esto salga, entonces dejar claro que como última opción se contempla dar las 10 abstenciones a cambio de un candidato distinto a Rajoy y un par de propuestas del programa socialista.
Y si no a elecciones en navidad, y si dan todavía una mayoría mas grande a Rajoy pues mala suerte. A veces hay que hacer lo que indican tus convicciones aunque te perjudique.